A sus 101 años, Georges Loinger sigue aceptando todas las invitaciones para dar testimonio de los horrores causados por Adolf Hitler  y su régimen de terror. Acababa de llegar en avión desde París a Madrid para participar en un seminario organizado por Sefarad-Israel que coincidió con el Día de la Memoria del Holocausto, que se conmemoró el pasado 27 de enero en Madrid.

Loinger tiene energía suficiente para dar una conferencia en la Residencia de Estudiantes y atender a los periodistas. A la hora de la cena se le notaba cansado. Inicialmente, no tenía demasiadas ganas de comer. Pero mas tarde se animó.

“Estoy aquí porque quiero recordar a las generaciones futuras el plan aniquilador de los judíos trazados por Hitler. Yo lo ví todo”, cuenta cuando se le pregunta que le mueve a hacer el esfuerzo que supone un viaje para un hombre con más de un siglo de vida.

Loinger organizó en 1942 una red  de la Organización de Ayuda a Niños (OSE, en francés) para evacuar a menores judíos a Suiza, ante el peligro que suponía la persecución desatada por el régimen nazi en Francia. Para esas fechas, ya se intuía cual era el destino: los campos de exterminio.

La dirección de la OSE encargó a Loinger la creación de un entramado para el paso de los niños desde Francia a Suiza, con base de operaciones en Annemasse. La organización ideó una ingeniosa estratagema: Loinger llevaba a los chiquillos a jugar al fútbol junto a la frontera franco-suiza y, cuando la pelota caía en territorio helvético, el niño corría tras ella… y ya se quedaba allí. Estaba salvado.

El ardid funcionó porque las patrullas de vigilancia estaban formadas por soldados italianos, aliados de Hitler, que no ponían gran empeño en la tarea, según recuerda Loinger.

En esas labores era ayudado por su primo Marcel Mangel, quien con el correr de los años se convertiría en el célebre mimo conocido como Marcel Marceau.

Loinger logró poner a salvo personalmente a 350 de los mil niños que evacuó la trama montada por él. “El peor recuerdo de aquella época está ligado precisamente a mi propia vida. Cuando iba a pasar a mi esposa y a mis dos hijos, apareció una patrulla alemana.

Un oficial puso una pistola en la cabeza de mi hijo menor y me advirtió: “Si te mueves mato al niño”, rememora este centenario. Pero, aprovechando un momento de confusión, consiguieron ponerse a salvo y cruzar horas después a Suiza. “No supe nada de mi familia, que estaba en Ginebra, hasta seis meses después”, añade.

El antiguo pasador de niños sería mas tarde, durante 25 años, director de la Compañía de Navegación Israelí en París. Hoy preside la Asociación de Veteranos de la Resistencia Judía en Francia.

Redacción/ebm