Contaminación visual
René Avilés Fabila
A reserva de lo que piense y diga el nada ciudadano Instituto Federal Electoral, siempre dominado por la partidocracia, caminar por el Distrito Federal es un asco. La contaminación visual es atroz. Nada es posible admirar en una ciudad que ha perdido aceleradamente su belleza en manos de políticos insensibles. Si uno va en automóvil, los anuncios del PT acaparan el paisaje urbano y lo hacen a uno desesperar. Uno tras otro, millones de pesos invertidos en promover un partido que aspira a sustituir a otro, el PRD, siempre bajo la sombra dominante y tenebrosa de un caudillo desmesurado. Cada delegación tiene lo suyo. Tlalpan o Coyoacán, por sólo citar dos ejemplos, tienen no cientos sino miles de fotografías con caras de personas desconocidas que aspiran a seguir saqueando la ciudad. Todas son de perredistas.
Así es, hombres y mujeres que desean un puesto en el Senado, en la Cámara de Diputados, en la Asamblea Legislativa, o que quieren ser delegados, han inundado la capital con publicidad sin ningún sentido. “Las izquierdas” carecen de ideología, de propuesta, de mensaje, de ideas. Simplemente se quieren hacer notar para que la cúpula perredista, con el aval de Andrés Manuel López Obrador y de Marcelo Ebrard, decida quién debe ocupar los cargos que se avecinan. El PRD sabe que la capital es suya y hace lo que le viene en gana. No deja una barda sin pintar, un poste o uno de los pocos árboles que restan sin poner un pendón. Es casi imposible identificar quiénes aparecen en la fotografía. Son figuras sin trayectoria y con la ambición de mejorar su hacienda personal. Los letreros espectaculares dicen algo más, a la fotografía y al nombre le añaden algún dato indescifrable. Por ejemplo, Mario Delgado se ve a sí mismo como experto en educación. Quienes lo han escuchado hablar saben que es ajeno al alfabeto.
En verdad asombra la inversión, la cantidad de dinero despilfarrado para mostrarnos sólo nombres y rostros, todos ellos de las mal llamadas “izquierdas”. De pronto por allí aparece algún panista. Lo extraño es que el PRI no existe. Si bien Peña Nieto apunta a ser presidente de la república, según la lógica de las encuestas, en el Distrito Federal no existe tal partido. No en las calles. Los nombres de Beatriz Paredes y de algunos otros aspirantes a cargos populares están en los medios con timidez, no a la vista de los capitalinos. Es decir, unos ocho millones de habitantes viven bajo el influjo de un sólo partido: el PRD.
Ello indica que volverá a aplastar a los habitantes de la ciudad, que el PAN y el PRI apenas contarán. Quizá de milagro el primero conserve alguna de las tres delegaciones que tiene, el PRI es el gran ausente. Al menos esa impresión produce desde ahora. Veremos si las cosas cambian, cuando al fin el PRI recuerde que el Distrito Federal existe.
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