Calderón, derrota tras derrota

Francisco Javier Estrada

Han sido necesarios más de 60 meses de gobierno del actual presidente de la república para saber que no ha podido en tanto tiempo deshacerse de ese signo negativo, esa sombra de derrota tras derrota que le sigue a todas partes donde va. Sus designados han perdido todos en los diversos cargos donde les ha puesto: Germán Martínez, César Nava, Roberto Gil, Cocoa Felipe Calderón, Ernesto Cordero y muchos más.

Ahora, los comentaristas en radio, televisión o en los medios impresos, dicen que Calderón Hinojosa en su última derrota “ha perdido pero con ello ha ganado” en los resultados del 5 de febrero pasado. La derrota cantada desde hace mucho de su delfín se realizó con todas las de la ley, o sin ella, pues el “cochinero” estuvo a la orden del día. Los sucesos de compra de voto, regalo de despensas, robo de urnas, relleno de las mismas, manipulación del voto por gobernadores panistas, que en público dijeron apoyar al delfín de Calderón Hinojosa, y ahora se sabe que le jugaron las contras. ¿Cuánto han de estar en contra del presidente de México sus propios compañeros del PAN que fungen como gobernantes en varias entidades, para haberle jugado las contras a su jefe de partido?…

Muchas lecciones dolorosas hemos recibido los mexicanos en estos 60 meses de gobierno del neopanista venido de Michoacán, todo nos hace ver que ha sido un destino trágico.

Rebeldía en las filas del PAN en todos los sentidos, la diferencia de cerca del 20% de ventaja que sacó Josefina Vásquez Mota comprueba que el Yunque en la región del Bajío no iba a permitir de nueva cuenta que un calderonista tomara el poder por otros seis años. La derrota ha acompañado a este neopanista que no comprendió, ni sabía, que entrar a la buena historia de un país o de su propio partido significa quitarse todos los prejuicios que se tienen, tal razón es que le ha hecho olvidar el cargo que ostenta en estos casi seis años.

Ya vemos que no le sirvió de nada su paso por la legislatura federal, pues su desprecio al Congreso ha quedado manifiesto. Con sus hechos, ha comprobado que no le ha interesado, en lo más mínimo, mantener una relación democrática y de respeto. Si Vicente Fox Quezada tuvo actitudes de soberbia durante su mandato, particularmente contra los diputados federales, los electores llegamos a pensar que Calderón Hinojosa sí pondría atención respetuosa y de diálogo.

Su primer gran error fue desconocer al PRI como fuerza política que le permitió llegar el primero de diciembre del año 2006 a tomar posesión en el Poder Ejecutivo. Todos recordamos el borlote que se vivió por dicho evento que puso en crisis la república. Nada más llegar, y lanzarse en contra de quien le había permitido su llegada al poder, comprobando lo que su padre y Carlos Castillo Peraza sabían de él: no le tiene lealtad a nadie. Las crónicas cuentan, en este segundo periodo, la actitud cerrada, que en mucho ha retrasado cualquier acuerdo para reformar leyes sustanciales.

Ni respeto a las fuerzas del PRI, ni mucho menos, a los perredistas de su propia patria chica. El michoacanazo es en nuestra historia reciente la muestra más desaseada que en política se tenga memoria.

No ha habido semana que el señor presidente de México no entregue hechos que ponen en grave predicamento nuestra democracia. Ya vemos sus relaciones de conflicto con los otros poderes. O poniendo a las autoridades electorales en la decisión de nulificar la elección de Morelia. Uno se pregunta: ¿qué en verdad no quiere a su lugar de nacimiento? Nada ha de salvar a Calderón Hinojosa del juicio de la historia. Porque de este juicio nadie escapa y lo deberían de saber antes de tomar protesta como presidentes de la república.

Con el deseo de mandar en todas partes se convirtió en el presidente de hecho del Comité Ejecutivo Nacional del PAN, poniendo o proponiendo a quien se le antojó en todos estos años sus propuestas han sido reprobadas, una y otra vez: primero con Germán Martínez Cázares, después con César Nava Sánchez y al último con Roberto Gil, que no pudo ni ganar la elección ante Gustavo Madero.

El problema de México es que aún no podemos tener políticos y estadistas que sean capaces de respetar los espacios diversos y complejos de la política, siendo promotores de la democracia y no de oligarquías.

¿Qué podrá decir la historia de México de Calderón Hinojosa?… Serán muchas cosas en contra, pues se ha dicho hasta el cansancio que su llegada al gobierno nacional carecía de un programa serio para gobernar. Sus promesas de campaña fueron olvidadas por él y por sus más cercanos seguidores. Nadie puso reparo en ello y nadie defendió un programa de gobierno que demostrara que sabían de las necesidades del pueblo mexicano. Este es su principal pecado, ser ignorante de las urgencias de una nación que teniendo todo para ser grande ha sufrido en sus gobiernos federales los males peores.

Pero eso no lo sabe Calderón Hinojosa y por ello ha de quedar solo al final de su mandato, seguramente preguntándose: ¿qué cosas no hice para que mi pueblo fuera feliz?… ¿Qué hice mal para que dentro de mis correligionarios de partido terminaran votando en contra de mi delfín Ernesto Cordero?… ¿En verdad puse mis mejores cualidades físicas e intelectuales para que México estuviera en estado de bienestar social, de justicia equitativa?

En fin, se le ha ido el tiempo y la historia tiene ya registrado este sexenio de gobierno federal, y por más que le busco, no encuentro obras buenas en educación, ciencia o tecnología, sino la expresión de un gobierno nacional de puras pérdidas.