¿Qué tanto cuenta en política la imagen?
René Avilés Fabila
La extraña declaración de Andrés Manuel López Obrador en el sentido de que se siente viejo, fatigado, y sin deseos de continuar en la política si pierde estas elecciones presidenciales (dijo que se “iría a La Chingada, una finca en Tabasco, propiedad de su familia”) desató multitud de opiniones. Unas fueron para festejar su derrota anticipada, otros para lamentar su agotamiento. Pésimo asunto para “las izquierdas”: se quedan sin caudillo y de este modo sólo tienen la posibilidad de seleccionar como tal a un ex priista más, a Marcelo Ebrard. O retomar a Cuauhtémoc Cárdenas, quien es mucho mayor que López Obrador, pero que jamás ha dado muestras de fatiga, y menos la ha hecho pública.
Digamos que un país espera fortaleza de sus gobernantes. Desea que trabajen intensamente y sin mucho reposo. Cuando fue elegido Adolfo Ruiz Cortines tenía una edad avanzada, sobre todo si tomamos en cuenta que el general Cárdenas había llegado a la Presidencia a los 37 años. Le hicieron más de una broma, pero gobernó con entereza y dignidad, no dio muestras de tedio o de cansancio.
Ruiz Cortines hizo un gobierno decoroso para como están las cosas en el México de hoy. Su sucesor, Adolfo López Mateos, brilló mucho pese a los nubarrones: la muerte del líder agrario Rubén Jaramillo y su familia y el encarcelamiento del genial artista plástico David Alfaro Siqueiros. Sus últimos meses fueron de atroces sufrimientos, de una grave enfermedad que lo llevaría a la muerte poco después de concluir su periodo sexenal. Siempre se preocupó por ocultarle a los mexicanos su enfermedad. Decía que el país requería de un mandatario con fortaleza.
Más adelante han comenzado a funcionar los valores de un capitalismo salvaje y globalizado, donde las modas cuentan y la juventud es más que un “divino tesoro”, es fundamental para cualquier empleo. Ser viejo, en la lógica de la iniciativa privada, es ser un inútil. Quizá por ser jóvenes y tener además otras habilidades, Enrique Peña Nieto y Josefina Vázquez Mota puntean en las encuestas.
Al final, por ahora, se mantiene López Obrador, no será el último de la lista de simpatías, ése es un dudoso honor que le corresponderá a Gabriel Quadri, candidato presidencial del Panal.
Es difícil que las encuestas sufran una modificación profunda, salvo que alguno de los dos primeros cometa un error grave, suelte un gazapo descomunal o cometa una pifia en verdad grave. No es fácil en México perder una elección presidencial y ganar en la siguiente oportunidad. Esto no es Brasil o Francia. Cárdenas perdió una vez y perdió dos veces más. Es el destino de López Obrador, por más que sus partidarios fanatizados quieran lo contrario. Para colmo, se declaró fatigado, anticipó su retiro político y eso es perder piso. ¿Alguno de los indecisos votará por una persona que desde ahora se siente derrotado? Imagino que no. Debió resistir un poco más y declarar que está más fuerte y poderoso que nunca. Total, estamos acostumbrados a sus mentiras.
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