Al conocer personalmente a Elba Esther Gordillo
Raúl Cremoux
No la conocía. Fue investido candidato presidencial del Partido Nueva Alianza sin tener el gusto con la profesora Elba Ester. Obviamente sabía quién era; por supuesto que en sus comentarios radiales él había dicho que los sindicatos son un lastre y más que proteger los intereses de los trabajadores, sirven para el uso y abuso de los líderes.
Claro, él es un hombre desconocido no sólo para el gremio de los agrupados en el SNTE sino para la mayoría de la población. El, Gabriel Quadri, es un hombre inteligente y, hasta hace unos días, no conocía personalmente a la profesora. Ahora es muy diferente, está feliz.
Un afortunado día, tres para ser exactos después de su unción, Quadri la conoció y ¿qué cree usted? Quedó maravillado. Declaró ante los micros que la sabiduría, el conocimiento de la vida y la elocuencia de la líder vitalicia y otrora rémora en la educación nacional, lo tenían encantado. ¡En-can-ta-do!
Ahora sí, el círculo se cierra: candidato y lideresa formarán la pareja que el Panal y la sociedad esperaban.
Ahora el ambientalista podrá articular un chorro de propuestas que amarrarán a los educandos con la sustentabilidad y con el ahorro del agua y la eliminación del azufre tóxico.
Los otros candidatos temblarán ante sus ideas pero sabrán que, como él dijo, no serán atacados ni pasarán las vergüenzas de las malas palabras.
Ya llegó, ya está aquí, el Panal tiene un candidato que, para bien de la democracia, no sufrió en ningún debate interno ni se expuso a las diferentes corrientes partidistas. Nadie se le opuso ni persona lo cuestionó. Le fue mejor que a Enrique Peña Nieto, superior al Pejelagarto e incomparablemente bien si lo comparamos con Josefina. Mejor, imposible.
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