Una religiosa de 73 años de edad vestida con su hábito de la Abadía benedictina de Regina Laudis, en Estados Unidos, caminará sobre la alfombra roja el 27 de febrero próximo durante la ceremonia de la entrega de los Oscar 2011.
Esta es la sorprendente historia de Dolores Hart, quien después de compartir escena con Elvis Presley y actores de la talla de Anthony Queen, Gary Cooper y Anna Magnani, cambió el deslumbrante mundo de Hollywood por el de la humildad y el silencio de un convento de clausura en Connecticut.
La Madre Dolores, como ahora es conocida, es el sujeto este año de la nominación a un Oscar por el documental “Dios es más grande que Elvis” (God is the Bigger Elvis).
El cortometraje recoge la historia de su vida como religiosa después de su brillante carrera en Hollywood en la que actuó con el rey del rock and roll Elvis Presley (Loving You en 1957 y King Creole en 1958) Anthony Quinn ( Wild is the wind,en 1957) y George Hamilton (Where the boys are, 1960). Sin embargo su favorita es “Lisa”, de 1962, en la que protagonizó a una refugiada judía después de la Segunda Guerra Mundial.
Declinó un compromiso matrimonial
Pero el nominado documental no solo explora el periodo hollywoodense de Hart sino también su vida en el convento y el día a día de sus hermanas religiosas en la Abadía, que incluye su trabajo en la granja. Como la Madre Dolores, muchas de las monjas han tenido ocupaciones profesionales antes de entrar a la clausura incluyendo las carreras de Leyes y Ciencias.
“Dios es más grande que Elvis” también presenta la última reunión entre la priora benedictina y su ex prometido, el emprendedor californiano Don Robinson. El nunca se casó y continuó visitando y ayudando a las religiosas del convento hasta su muerte, ocurrida en 2011.
En declaraciones a USA Today, la religiosa ha reconocido que “adoraba Hollywood” pero que no se fue de allí “porque fuera un lugar de pecado” sino por “una cosa misteriosa llamada vocación. Es un llamado que viene de otro lugar que llamamos Dios, porque no tenemos ninguna otra forma de llamarlo”.
Hart dijo que ella ha permitido el ingreso de las cámaras a la Abadía para ayudar a aquellas almas que están en búsqueda de paz. “Queríamos invitar al mundo a otro orden de vida que podría dar algo de esperanza”, dijo al diario estadounidense.
Transcurre las mañanas en el silencio, la oración y la contemplación. “Rezar y trabajar”, había escrito San Benito; por eso, al rayar el alba ordeña la vaca y por las tardes cultiva el campo y cuida las hortalizas. Lo anterior sin descuidar la formación de sus novicias. El canto gregoriano es parte constitutiva de esta abadía femenina de la orden benedictina cuyas religiosas se despiertan con amor a mitad de cada noche para entonar himnos a Dios.
Del camino del cine al camino de Dios
Al regresar de una gira de promoción de una de sus últimas películas, pide al chofer de su limousine dejarla delante de la Abadía Regina Laudis en Connecticut. Era el 13 de junio de 1963. La súper actriz de la Metro Goldwyn Mayer, Dolores Hart, dejaba el mundo del espectáculo e iniciaba ese otro mundo más pleno: el del seguimiento del llamado de Dios.
Tenía todo lo que podía desear: juventud, belleza, dinero, fama… pero le faltaba esa paz que sólo se consigue cuando se es fiel a la conciencia. Dejó a su novio, los foros, el maquillaje, los vestidos, le costó el anonimato. Pero tenía viva la determinación de hacer lo correcto, y eso fue lo que hizo: supo poner su corazón en el lugar justo o, por mejor decir, en la persona adecuada: Dios.
Cuando alguien del periódico L Osservatore Romano (18 de julio de 2008) le preguntó si era feliz, la Madre Dolores respondió: “antes de haber cumplido veinte años en el convento yo ya me había dado cuenta que trabajar en el cine me daba menos felicidad que la que me esperaba aquí”.
Ciertamente, el itinerario de amor que ha seguido la hoy priora de novicias en la Abadía Regina Laudis en Bethlehem, Connecticut, Estados Unidos, no ha sido un camino de rosas. En 1999 padeció una enfermedad neurológica poco común que la dejó sin posibilidad de caminar, hablar y comer por un tiempo. Pero tuvo fe, se tomó de la mano de Jesús y salió victoriosa.
En contacto con los Oscar
La directora del documental, Rebecca Cammisa, confía en que la Madre Dolores se llevará el Oscar. “Este es su regreso a Hollywood después de 50 años”, dijo.
Hoy la Madre Dolores sigue formando parte de la Motion Picture Academy of Arts and Sciences, la comisión que elige cada año a los galardonados con el premio Oscar.
Pero no es todo. Junto a una amiga la actriz, Patricia Neal, construyó el The Gary- The Olivia Teather, a un lado del convento. Es un teatro para quinientas personas donde cada verano representan diversas obras.
Además, a través de www.abbeyofreginalaudis.com promueve un CD donde a modo de canto se puede escuchar, entre otras cosas, la genealogía de Jesucristo.
La historia de la Madre Dolores es de esas que llegan al fondo de nosotros mismos. Que nos preguntan y que acusan una respuesta reflexiva, honda, hecha práctica. Y es que, como ella misma dice: “Una relación viva y personal con Cristo es necesaria para entender que su presencia es la única cosa verdaderamente real y verdaderamente hermosa en nuestra propia vida”.
Redacción/ebm
