Yo tampoco

En México, el presidente de la república, por disposición constitucional, es jefe de Estado y jefe de gobierno, nos representa ante el mundo e internamente a 113 millones de mexicanos.

Al señor presidente, por su altísima investidura en los actos públicos, le tocan el Himno Nacional y le saludan las banderas por ser jefe de Estado.

Ningún mexicano tiene el trato institucional que a él se le concede. Al asumir el cargo, protesta cumplir y hacer cumplir la Constitución de la República y las leyes que de ella emanen, incluyendo la electoral. Esa protesta comprende los 365 días del año, las 24 horas del día, durante seis años. Es decir, no puede durante su sexenio desprenderse de su investidura, al convertirse en presidente de todos los mexicanos.

Las posiciones partidistas que un día tuvo debieron quedar atrás (por lo menos durante su mandato). Regresar durante su sexenio a ser presidente del PAN es una afrenta a la nación y a todos los mexicanos, él tiene que saber que dentro de su gran poder tiene límites impuestos en las propias leyes y en su sentido común.

De ninguna manera puede argumentar que pueda haber lapsos durante su sexenio, en los que resulte admisible que obre como “don Felipe” y en otros como el “señor presidente”.

Al aparecer en público, en el cine, en el teatro o en una recepción, siempre será el “señor presidente”, y una de las características de su actuar es la imparcialidad, el buen ejemplo, el respeto absoluto a la ley y a todas las instituciones y a sus integrantes.

El presidente Fox, en una de las visitas de Estado que hizo Juan Pablo II, lo recibió en el Aeropuerto Internacional de la Ciudad de México, se hincó y le besó la mano y el anillo papal. La prensa, implacable, lo despedazó en criticas y en plan de justificación, el Presidente dijo que la reverencia había sido a título personal; pero durante la “recepción oficial”, le tocaban los himnos, lo saludaban las banderas, el gabinete estaba a su costado y al otro la alta curia; ¿es posible despojarse a ratos de la investidura presidencial en el sexenio? Yo creo que no.

El presidente que toma posición partidista en actos políticos ocasiona una erosión en el proceso electoral; se duda de su imparcialidad institucional.

Cuando doce de las trece empresas encuestadoras coinciden más o menos en sus pronósticos, es evidente que tienen la razón, y cuando sólo una de ella hace un pronóstico descabellado nadie le cree, ni le creerá a futuro.

¿Quién ganó y quién perdió con ese desliz?

Hay que preguntárselo al pueblo de México.

El Justiciero