Ricardo Muñoz Munguía
Territorio de la nada donde ciega la calma
ahí una voz permea hasta la sangre
ecos luminosos que fluyen a borbotones
en sótanos de mi frente colándose a los huesos.
Estoy en la nada y aquí nadie es nada
todos somos aliento perdido en el hospital
sitio sin ángeles ni petulantes sombras temibles
nada es…
si acaso…
somos reloj
sí:
reloj.
Y clavados en su fondo oscuro
presenciamos la fractura del silencio
por manecillas que afuera hacen tasajos la fe.
En esta nada la miseria busca abrigo
pero en la frontera de Dios todo es zozobra
mejor guardarnos entre la maquinaria del reloj
y escuchar el tiempo de afuera donde no se necesita fe
donde el tiempo no se detiene ni es perecedera la paz.
Aquí la nada huele puntual y es desosegada
sus pútridos quejidos despiertan las ansias
película repetida que enllaga la mirada y el silencio
y así igual que ayer hoy a cualquier hora es madrugada
altas horas para ayudar a mover los engranes de la agonía.
Mas yo sin nada, sin territorio, sin fe, sobre la extensa frontera.
