Mario Morales Castro

El modernismo portugués es el movimiento estético en el que la literatura surge asociada con las artes, se caracteriza por la alteración formal de varios géneros literarios y artísticos, y es en las publicaciones Orpheu y Presença donde encuentra su mejor expresión. A este movimiento se le denomina también esteticismo. Conviene aclarar que nada tiene que ver con el modernismo hispánico creado por su máximo exponente: el nicaragüense Rubén Darío.

Será Lisboa el punto de partida para la aventura modernista. En las tertulias de sus cafés, como “A Brasileira”, donde en su terraza se encuentra ahora la estatua de Pessoa, en el céntrico Chiado, se irán a dar las reuniones de jóvenes que sueñan con una mentalidad diferente del espíritu estancado que entonces imperaba. Surge la idea de publicar una revista nueva, que marcara la ruptura con el saudosismo (derivado de saudade), movimiento al que Pessoa en un inicio estuvo adherido. La fecha histórica de afirmación de este grupo es, sin duda, la que corresponde a la publicación de los dos números de la revista Orpheu: marzo y junio de 1915, en los que colaboran los tres nombres más importantes del movimiento: Mário de Sá-Carneiro, José de Almada-Negreiros y Fernando Pessoa; otros poetas que compartirán la aventura serán Luís de Montalvor, Ronald de Carvalho, António Ferro y Raúl Leal.

En Orpheu se encuentra un espíritu que asimila el decadentismo y el simbolismo de fines de siglo xix, pero va más allá de estos estilos ya rebasados en 1915. La poesía de Álvaro de Campos nos muestra a un poeta influido por Walt Whitman, y la prosa de Sá-Carneiro posee un tono sensacionista, esto es, poética que recoge y reproduce las sensaciones físicas filtradas por lo psíquico en versos arrolladores de expresividad y fuerza. El interseccionismo, del cual son ejemplos el poema de Pessoa “Lluvia oblicua”, y la “Oda marítima” de Campos, es otra fase de la nueva estética: lo real se descompone, sus planos visuales y racionales se separan, y el poema es una imagen de esa desarticulación, produciendo un efecto análogo al del cubismo plástico ya conocido en Portugal en esa época.
Además de los fundadores, Orpheu tuvo el merecimiento de revelar al público un artista como Santa-Rita Pintor, probablemente el más lúcido teórico del futurismo portugués, quien traía de París las novedades literarias y sobre todo plásticas de este movimiento y corrientes afines; y un poeta marginal como Ângelo de Lima quien, al sufrir de perturbaciones mentales, estaba internado en el manicomio de Rilhafoles. La exaltación de un poeta como Ângelo puede parecer una herencia tardía y romántica sobre la idea del poeta loco “visitado” por los dioses.

Todos estos aspectos hacen de Orpheu un escándalo: su recibimiento distó de ser pacífico. Los periódicos reaccionan, llamando a los jóvenes colaboradores de la revista autores de una “literatura de manicomio”. En términos culturales, empieza el conflicto de esta generación con la mentalidad del pasado de la Primera República, instalada en 1910 a raíz del regicidio dos años antes que llevaría a poner fin a la monarquía. Además de eso, en el contexto europeo, tiene lugar la Primera Guerra Mundial en la que Portugal participa; por lo tanto, se palpa en el ambiente una época de crisis.

La expresión pública del grupo modernista se encuentra, más que en las publicaciones individuales, en las revistas literarias. En ellas es visible la colaboración entre escritores, pensadores, músicos y artistas gráficos, algunos de los cuales serían los grandes pintores del siglo xx, como Almada-Negreiros y Amadeo de Souza-Cardoso, este último había convivido con Modigliani en París y fue amigo de la pareja Delauny, Robert y Sonia, cuando estuvieron refugiados en el norte de Portugal. Se sabe, por otra parte, que Pessoa escogió esta forma de publicación para dar a conocer sus poemas y los textos de los heterónimos, así como revelar sus opiniones estéticas y filosóficas. Sólo hasta el final de su vida, en 1934, lograría publicar un solo poemario, el célebre Mensaje.

Estrechamente ligado a la aventura de Orpheu, cuyo proyecto nace de su convivencia con Fernando Pessoa, Mário de Sá-Carneiro es uno de los representantes más influyentes del nuevo estilo. Su vida casi se confunde con la de los personajes de sus novelas. Sus problemas personales se reflejan en un tono confesional en muchos de sus poemas, en que es visible el drama que lo llevará al suicidio por envenenamiento en un hotel de París (1916).

Después del suicidio de Sá-Carneiro, Pessoa se relacionará con dos de las figuras más radicales de la modernidad: Santa-Rita Pintor, adepto al futurismo con una individualidad exhibicionista, y a Almada-Negreiros, que en 1916 publica su Manifiesto anti Dantas, violenta obra de ataque contra un connotado escritor de la época al emplear un lenguaje semejante al de los manifiestos surrealistas en Francia contra Anatole France (Un cadáver) y contra Maurice Barrès. De esa colaboración nacerá la revista Portugal Futurista, de 1917, en la que se publican textos de Marinetti, Apollinaire y Blaise Cendrars, junto con los Ultimatos futuristas de Álvaro de Campos y de Almada-Negreiros. La revista es inmediatamente incautada por la policía, pero los textos no dejan de tener amplia divulgación sobre todo debido al escándalo producido por la sesión futurista en el Teatro de la República en Lisboa.

Más tarde, los ideales modernistas serán retomados, con menor agresividad y tratando de imponerse con la calidad de la presentación gráfica y el rigor de la fundamentación teórica, en las revistas Contemporánea (1922) y Athena (1924). Con excepción de estas últimas, que tuvieron una cierta continuidad, las revistas del primer modernismo portugués son números únicos. Posteriormente, la mencionada revista Presença, surgida en Coimbra en 1927 y que duró hasta 1940, se encargará de dar continuidad al movimiento (segundo modernismo) al reconocer la importancia del orfismo y proclamando “maestros” a sus mejores colaboradores.

No obstante su proyecto ambicioso de ser una publicación distribuida por igual en Portugal y en Brasil, como de hecho ocurrió con el primer número, Orpheu fue una revista efímera: sólo tuvo dos números y el tercero, ya en la imprenta, nunca salió por conflictos internos y motivos financieros; sin embargo, marcó profundamente la cultura portuguesa de la época y más tarde se convirtió en un hito que inspiró vanguardismos literarios subsecuentes. Fue una revista que escandalizó la cultura más tradicionalista y estancada de ese país y que inauguró una nueva estética, verdadera y profundamente moderna, manifestación de la sensibilidad del siglo xx. Sus protagonistas llegaron a ser conocidos como la “generación de Orpheu”. Afortunadamente para los admiradores de esa generación, hoy en día es posible conseguir, en un solo volumen, los tres números en edición facsimilar.

Tal vez ahora se pueda pensar, como afirma Maria José de Lencastre, que el grupo de Orpheu intuyó las relaciones profundas entre la poesía y los mecanismos más recónditos de la psique, lo que, a la luz de las teorías lingüísticas contemporáneas, torna a este hecho extremadamente moderno. Es explícita una actitud de rechazo al academicismo y al conformismo y la búsqueda de renovación del lenguaje y de las ideas.

En mi próxima colaboración, en abril, hablaremos de la reveladora correspondencia entre Mário de Sá-Carneiro y Fernando Pessoa.