¿Esto es gobernabilidad?
Jorge Carrillo Olea
El Presidente y su gobierno nos han metido en un lío dialéctico. Los intelectuales se arrebatan las razones; otros nada más miramos, oímos y poco entendemos. El centro de todo es el alegato si existe o no ingobernabilidad en México. Así se nos mete en un dilema, pues cuando Felipe Calderón empieza por intentar demostrar lo que no es, cómo nos enreda a los que poco entendemos.
Quizá el enredo aumenta cuando a la vez se habla, se argumenta y se desprecia, como si fuera mantra, de los tiempos del autoritarismo, de la antidemocracia, de la dictadura perfecta. Y el contraste es inevitable sin que por ello se llegue a la nostalgia, al extrañar los tiempos idos. Simplemente se busca de buena fe encontrar en qué rincón estará ese fenómeno de la gestión pública que es un súmmum de ella: la gobernabilidad.
Vemos a la Corte anticipando un fallo a favor del debido proceso, que no de una presunta delincuente. La Procuraduría, responsable de haber integrado debidamente la averiguación, ásperamente, histéricamente, pretende corregir a la Corte. Todo un caso de buen manejo de ejecutivo, mientras el responsable del intríngulis, Genaro García Luna, para justificarse dice disparates.
Los partidos, uno por uno, muestran las que eran todavía ayer insospechables incongruencias, ruptura con principios, vicios y corrupciones que sólo eran adjudicables al PRI. Surge el neologismo “saltamontismo” Esto es el brincar de un partido a otro, pero también meter reversa, sin pudor alguno y con el aplauso de quienes ayer eran enemigos irreconciliables. Es el lastimoso caso de Manuel Bartlett, Manuel Camacho y Andrés Manuel López Obrador. Ayer eran feroces adversarios, usaron todas las malas artes para dañarse, hoy se abrigan en la república amorosa, ¡qué belleza!
Bartlett y Camacho se odiaron en su lucha por obtener los favores de Carlos Salinas. Bartlett y Andrés Manuel se odiaban cuando el segundo incendiaba pozos petroleros y secuestraba cuadrillas de trabajadores de Pemex en Tabasco. Hoy se explican a sí mismos, se declaran puros, castos e irreemplazables para el bien de la nación, ante el repudio nacional por su saltamontismo y consecuencias.
El PAN, crítico de las disolvencias priistas, hoy las adopta y las supera. Antes un Peñón de Gibraltar en la oposición pura y cristalina hoy se desmorona ante intereses bastardos. Parece que hoy venden puestos de legislativo a cambio de simpatías, apoyo y dinero, como el caso de Fernando Larrazabal. Doña Jose elogia a Pinochet y nos cuenta emocionada que afectuosamente Joseph Biden le sugirió su simpatía por la mujer triunfadora.
El PRD que supo salir airoso nombrando a López Obrador y a Miguel Angel Mancera para los dos puestos de elección más importantes; al bajar a las miserias mundanas, las hace tan suyas como lo han sido generalmente. Aspirantes seudodelincuentes, tránsfugas que son acogidos con afecto y hasta agradecimiento.
Pero lo peor de lo peor, la violencia, la inseguridad y el crimen sus resultados de una creciente histeria colectiva. Letalidades sólo confrontables con el descontrol de la conducción pública, obcecación y ceguera de Calderón. ¡Todo va bien, el bien siempre triunfa sobre el mal! No pasa nada. ¡Hay que perseverar en la única solución posible y quien me suceda deberá continuarla!
¡Cómo es posible hablar de gobernabilidad ante el caos presente! Si alguien cree que se cumple con las tareas de jefe del Estado y jefe de gobierno observando, así sea a medias el artículo 89 de la Constitución, está limitado en su percepción de lo que es en verdad ser quien preside una nación y que es el responsable de todo, de todo, así esté o no prescrito en la Constitución.
No hablo de ese lugar común del decir “las facultades supraconstitucionales” Es una frase ya gastada y siempre fue ñoña. No es nostalgia por la presidencia imperial, otra frase célebre. Es demanda de un ejercicio responsable de poder, de gran alcance y apto en un país que fue de conflictividades medias, que se han agigantado ante la falta de criterios y energía en el gobierno, ignorancia inaugurada por Vicente Fox.
Estos dos gobiernos, y de alguna manera no intrascendente, desde el de ErnestoZedillo, la falta de tablas, de la experiencia deseada, pero también la falta de humildad y honestidad política, nos han traído el derrumbe en el que estamos. ¡Quién nos rescatará!
hienca@prodigy.net.mx
