En un país de mentiritas
René Avilés Fabila
Si México tuviera un agudo espíritu crítico orientado por la realidad y no por las mentiras de los políticos, sería un país distinto y mejor. Pero no, la opinión pública, y ello se aprecia más nítidamente en las redes sociales y en los comentarios audaces y sin coherencia, sólo dictados por la pasión y no por la inteligencia y la verdad, prefiere los discursos de apariencia directa, sencillos, sin propuestas concretas y serias.
El PRD, por ejemplo, presume un izquierdismo del que carece. Ya no se trata de pensar en las ideas complejas de Marx y Engels, de Lenin y Trotski, menos de Ernesto Guevara y Fidel Castro. Esa es una izquierda vieja, no sirve más. Andrés Manuel López Obrador definió la “nueva” ante cientos de militantes de uno de sus tres partidos, el PRD, con las siguientes palabras: “Ser de izquierda es ser honesto y de buen corazón”. Deben “tener juicio práctico”, “es necesario el amor al prójimo”, hay que hacer en consecuencia, “una cartilla moral” o “código del bien donde se impulsen valores”.
Entre los que aplaudían los había ingenuos y perversos, pero todos estaban ante el sermón de un pastor evangélico, no católico, que está simplemente parafraseando la Biblia. Allí también estaban los que leyeron a Marx y creyeron por años, como Pablo Gómez y Amalia García, en el comunismo como sinónimo de izquierda. Más de uno habrá recordado una expresión “aguda” de Rosario Robles en pleno poderío perredista: “Somos de izquierda porque de ese lado está el corazón”.
Lo extraño es que no hace mucho tiempo, López Obrador declaró ante los micrófonos de Joaquín López Dóriga que era católico, cuando en su pueblo saben de su formación protestante. Ahora se ha convertido en teórico de la república del amor y sacó algunas ideas de las palabras básicas del cristianismo, el que supongo fue religión avanzada en sus orígenes. Pero las mentiras no paran aquí. En su trato con empresarios, López Obrador tuvo que confesar, ante las pruebas, que él no había escrito su libro, que sólo lo había firmado. Guillermo Sheridan, alias el burro hablando de orejas, pudo acusarlo de plagiario.
En otro momento, respondiendo críticas de alumnos de la Universidad del Valle de México, justificando su ausencia de altos méritos académicos, Obrador dijo ser autor de más de diez libros, todos publicados, es más, añadió el caudillo: “hasta me dan la oportunidad de presumir que el último que escribí (el subrayado es mío, pues se trata del citado ante empresarios) se vendió bien, más de 100 mil ejemplares”.
No hay dudas, como señalaba Roy Campos, la mejor encuesta es la que coincide con uno. Si eres priista, es la que pone arriba a Enrique Peña Nieto, si simpatizas con el PAN; no hay otra que la que indica que Josefina Vázquez Mota, pese a sus inauditos errores, casi alcanza al primero; si adoras a Obrador, todas mienten porque en ninguna va en primer sitio.
Alguna vez tendremos capacidad para enfrentar la realidad? Así lo espero porque de lo contrario jamás cambiaremos el país, y vaya que lo necesita. Mientras tanto, parecemos un país de mentiritas.
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