Alvaro Uribe/Autor de Morir más de una vez

Eve Gil

Si bien Morir más de una vez, la más reciente novela de Alvaro Uribe (Tusquets, México, 2011) no es continuación ni secuela de Por su nombre, publicada hace cerca de diez años, retoma al protagonista de aquélla, Manuel Artigas, y lo enfrenta a una situación muy distinta, aunque se desarrolla también en París… sólo que alternando el París de la década de los setenta con el actual.

“Este joven —Manuel, que de entrada insiste en referirse a sí mismo como «yo», y en tercera persona— anda en un coche que no le pertenece, junto con otros con los que además comparte un departamento. Pasan por una zona de columpios y, como suelen hacer los jóvenes, en vez de ir disminuyendo la velocidad, acelera al máximo, descubre una brecha y en ese momento piensa que puede morir. Es muy típica la idea de que cuando uno sabe que va a morir, ve como en flash back los principales acontecimientos de su vida, pero a este a joven le ocurre lo opuesto: ve la vida que pudo haber vivido y la muerte le está negando. Parece una contradicción pero no lo es  tanto porque no sólo existen el pasado y el presente, sino también el futuro.”

Los protagonistas

En Morir más de una vez, el protagonista sostiene una serie de amoríos al tiempo que escribe una novela titulada Por su nombre, la cual firma con el pseudónimo de Alvaro Uribe, lo cual es un guiño para el lector.

“Quién no haya leído Por su nombre —dice Alvaro— no requiere de conocerla, no afectará en lo absoluto su comprensión de Morir más de una vez. El personaje se llama Manuel Artigas, lo cual no tiene ninguna relevancia para los lectores de esta historia, pero sí para quienes leyeron Por su nombre, que en el acto reconocerán en él al protagonista de aquella. Tampoco es una continuación, más bien una ampliación pues ocurre en la misma época.”

Por su nombre se centra en la pasión de Manuel por una joven llamada Patricia que nunca acepta tener intimidad con él, y en eso consiste la paradoja de aquella novela, en que Manuel se acuesta con absolutamente todas las mujeres, excepto con la que en realidad ama, “y cuando lo logra —aclara el autor— resulta una experiencia muy desagradable”.

Este mismo personaje nos cuenta ahora otra serie de historias que no tienen nada que ver con la de su amor imposible y desastroso por Patricia.

“Tiene —agrega Alvaro— cuatro largos capítulos centrales en los que el personaje ya está en su futuro, 2010, 2011, es decir, ya no es joven: tiene la misma edad que yo actualmente, a la vuelta de la tercera edad. Si en el prólogo pone en juego su vida, en este futuro volverá a experimentar la cercanía de la muerte, lo que, en sentido metafórico, pudiera llevarlo a morir dos veces. Desde ese futuro —presente para nosotros—, él recuerda historias en que la muerte desempeña un papel central, ya sea porque se acerca a la muerte directamente, o porque otros personajes mueren o están a punto de morir, y estas muertes reales son las que conforman su vida. Se da cuenta que su «yo» son los demás «yos» que ha conocido, y que han determinado ése «yo» que es.”

Otro de los retos que contempla la novela que nos ocupa, son las historias interrumpidas: “Sabemos de los demás, por muy próximos que sean a nosotros, por lo que vemos y hacemos con ellos, es decir, la experiencia directa, por lo que ellos nos cuentan sobre ellos y nos vemos obligados a creer, y por último, lo que los demás nos cuentan, y todo esto conforma un mosaico muy fragmentario. Así quise narrar esta novela, cuyo protagonista nunca cuenta una historia completa porque no conoce ninguna. El tono del narrador es de continua confrontación con el lector y se mueve entre lo que hizo y lo que le hubiera gustado hacer.”

El papel de la memoria

En este sentido, le comento al autor, la memoria juega un papel capital. Siempre he considerado que el género inaugural de la literatura no es la poesía, sino la memoria, que hilvana los recuerdos a capricho y trastoca la realidad. “En 24 vidas pasan una cantidad de cosas impresionantes, como ya lo ha demostrado James Joyce en Ulises. No hay libro que sea capaz de meter en 2 mil páginas lo que le pasa a alguien en un solo día, mucho menos en toda una vida. La disputa entre si fue la poesía o la narrativa el primer género, creo que es un poco estéril porque estoy casi convencido que era un género híbrido. Las historias se contaban de manera versificada para que los escuchas las retuvieran mejor, así que podríamos decir que el origen de la literatura, como bien dices, es la memoria.”

Para concluir, Alvaro Uribe (ciudad de México, 1953), también autor de El taller del tiempo, que podría convertirse a mediano plazo en una película, señala sentirse satisfecho con la adaptación cinematográfica que Jorge Fons hizo de su novela El atentado. Lo único que no le gustó fue que tuvieran que omitir al personaje de la amante fogosa que tenía Federico Gamboa (interpretado por Daniel Giménez Cacho) mientras estaba comprometido con una joven virgen y pura.

“Además intervine como extra en la escena de la cantina, nada más me pusieron bigotes”, agrega riendo.

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