Cultura popular y lenguaje

Francisco Javier Estrada

Del pueblo nos viene la cultura que hace fuerte a la nación; es en el seno de nuestra vida en sociedad donde en verdad se cimienta la presencia de lo que identifica a una patria.

La historia, juicio de los hombres sobre su pasado, es un juicio forzoso nacido del serio estudio sobre los acontecimientos, lo que nos permite comprender que por todo lo que se crea, como cultura popular y como cultura de élite, tiene que pasar por la vida del pueblo.

En el sentido más cercano a lo que se defiende lo reconocemos como folclore, pero al paso del tiempo se comprende que mucho de lo que se crea termina al paso de los siglos convirtiéndose en espíritu del pueblo. Es decir, la inteligencia colectiva, la buena inteligencia, convirtiendo en arte lo que creó.

Y el respeto que debemos a la cultura popular es lo que nos permite admirar sus hechos, que son de todos los días, en sus fiestas patronales, en sus actos religiosos o en la dignificación de lo que consideran importante para sus creaciones comunales. Son en México tantas fiestas las que podemos revisar, y comprender en ello, la riqueza patrimonial de un pueblo, que como el mexicano ha sabido llenar el territorio de su presencia ante tanta riqueza que la naturaleza nos ha dado por miles de años.

De la cultura popular podemos escribir tantas cosas y saber que está siempre presente, en las buenas y las malas de la vida en sociedad.

Por esa razón, en una esquina en nuestra gran ciudad de México, me atreví a comprar un folleto titulado Chistes; lleno de “dichos y refranes”; “de adivinanzas, frases divertidas, colmos, piropos, trabalenguas” y mucho más.

Transcribo unos chistes:

“—¡José! —grita el jefe de la sección—. ¿Acaso no sabe que está prohibido comer durante el trabajo?

“—No se preocupe, jefe, no estoy trabajando”.

Otro chiste:

“—¿Cuál es el vino más amargo?

“—Vino mi suegra.”

Otro más:

—“El dinero no es la felicidad, pero es mejor llorar en un Ferrari.”

Este último nos recuerda al cantante Chava Flores que tan bien dibujó la cultura de los barrios de la ciudad de México, que bien decía que si volvía a nacer, quisiera ser tal cual, pero rico, para ver qué se siente.

De chistes se hace la cultura popular para olvidarse de sus penurias o sólo por pasar un momento alegre. Recordemos a aquellos amigos que son capaces de tenernos horas y horas con una memoria prodigiosa recordando chiste tras chiste.

Ya ni qué recordar a Polo Polo, un hombre que ha hecho de los chistes su profesión. La revista o folleto me costó sólo 10 pesos, y creo que bien ha valido invertir esos pesos para leer un buen montón de palabras que me hacen reír:

“Una mujer fea le dice a un hombre ebrio: ¡borracho!”

“Y el borracho dice:

“—¡Sí, pero a mí lo ebrio se me quita mañana… a usted lo fea nunca!”