Ricardo Muñoz Munguía
El perdón ha sido negado. La posibilidad de perdonar expuesta desde un plano rigurosamente real, es negada. La indulgencia hacia el otro, el que ha ofendido, el castigador, pertenece a un segundo plano porque quien ha sido atravesado con la espada de la traición o el certero golpe físico o moral, ha de guardar en su memoria ese dolor como una cicatriz levantada en la piel. Basta asomarse al libro Sobreperdonar, de Armando González Torres (Ciudad de México, 1964), para sentir lo espinoso del tema, del amargo que provoca, de la verdad temible.
El volumen Sobreperdonar abre con una sentencia que nos hace punzar: “Me propongo demostrar el carácter imposible del perdón”. En efecto, al haber transitado —porque eso es: haber transitado, y con ello avivar la memoria— por las páginas, nos sentimos en cierto modo convencidos de que la imposibilidad del perdón tiene una presencia irrompible, es una llaga viva. Sin embargo, buscamos el autoconvencimiento para salir indemnes mas “el perdón es un universo de leyes completamente ajenas a lo razonable, de ahí la fascinación que ejerce como fenómeno moral, como territorio del albedrío paradójico en donde se llega a decisiones, más que éticas, poéticas”, como se apunta en otra sentencia.
En su más reciente libro, González Torres recorre la cortina del amplio panorama del perdón y sus imposibilidades como una oculta reflexión traída desde la profundidad del subconsciente. “Nunca perdonar: maldecir hasta quedarse afónico y, luego, persistir con mugidos y estertores, todo rumor y movimiento implica ejercitar la resistencia”. La intensidad con que se iluminan cada una de las frases del poeta y ensayista nos hacen recordar la mención de Carlos Coronel en su Pabilo para ciegos: “Un aforismo abre en el corazón ciertas necesidades: la fraternidad, el reproche, la alegría, la desesperanza, o en el peor de los casos, la indiferencia hacia los demás hombres. Sea lo que sea, diagnostica la enfermedad con la que moriremos”. Y el sobreperdón es la contemplación de las dolencias quemantes, insoslayable enfermedad.
El autor de Las guerras culturales de Octavio Paz entrega con lucidez y luminosidad que lo caracteriza este nuevo volumen, en el que al no-perdón lo vemos, y lo sentimos, en su justa dimensión. Por otro lado, en nuestra vida diaria, donde podemos quizá darle menor importancia, finalmente por azar o por inquietante pulsación inevitable, se propone destaparlo y libera una esencia que carcome, que debilita, que nos extrae “el alma”, y nos deja desnudos. De esa enfermedad que alguna vez hemos padecido es también el lugar que nos provoca y nos convoca. “Para los que odian y para los que perdonan: un solo agujero”.
Armando González Torres, Sobreperdonar. Gobierno del Distrito Federal / Secretaría de Cultura / Coordinación de Fomento a la Lectura y el Libro (Libros Magenta, Narradores de la Ciudad), México, 2011; 69 pp.
