MARIO SAAVEDRA

Hoy que celebramos la aparición del extraordinario y bellamente editado libro La casa de Luis Barragán: un valor universal, y de una no menos exhaustiva exposición en Bellas Artes evocando la enorme trascendencia del arquitecto mexicano más importante de todos los tiempos, me viene a la memoria el hermoso y medular estudio del gran polígrafo matritense Pedro Salinas: Jorge Manrique: Tradición y originalidad, en torno a uno de los más grandes poetas españoles de todos los tiempos.

El genio crítico de quien también fuera un poeta de grandes vuelos se revela aquí en su por demás visionario retrato del autor de Coplas por la muerte de su padre, conforme en él se dio una síntesis perfecta de pasado y  presente, de historia y renovación, a la manera de como coincidirían en la obra igualmente revolucionaria de ese otro gran humanista de nuestro tiempo que fue —y sigue siendo, porque su obra permanece no sólo en pie, sino vigente, como inusitada experiencia sinestésica— el gran arquitecto tapatío Luis Barragán (Guadalajara, 9 de marzo de 1902-Ciudad de México, 22 de noviembre de 1988).

En un país de grandes artistas arquitectos, de una sólida tradición en la materia que ha abrevado de los más diversos orígenes y fuentes, más allá incluso del multitonal eclecticismo cultural que nos define, la obra monumental de Luis Barragán se erige señera, como una de las aportaciones modernas más significativas de México al mundo.

Tradición y originalidad

Visionaria fusión de diversos elementos propios y trasladados, inventiva originalidad, desplante estético, equilibrio, armonía, fuerza expresiva, intensidad poética, envolvente misterio y revelación, son algunos de los rasgos distintivos en la prolífica obra de este enorme artista jalisciense y universal, quien con su singular talento ayudó a revolucionar la arquitectura a partir de una insólita reinterpretación y cruce de elementos pasados y presentes, en la construcción de una contemporaneidad que sin nombres como el suyo resultaría inconcebible.

En este sentido, los citados conceptos de “tradición y originalidad” coincidieron magistralmente en uno de los personajes mexicanos más citados y estudiados fuera de nuestro país, porque su profunda y elocuente impronta artística sigue siendo motivo de admiración, de ejemplo —unas veces más o menos afortunado y otras burdo plagio—, de referencia.

Premio Nacional y Premio Pritzker (algo así como el Nobel de Arquitectura), esta especie de demiurgo de las formas y de los volúmenes, de los relieves y de las tonalidades (siempre presente aquí el influjo de su entrañable amigo, el gran pintor Chucho Reyes), de los espacios armónicos que en su sabio cobijo se convierten en microcosmos de gozosa pasividad, abrió brecha e iluminó dentro de una manifestación que continuamente se ha casado de más con su compromiso funcional (paradójicamente, él mismo era ingeniero de formación) y por lo mismo se ha distanciado de su naturaleza estética.

Hombre culto y sensible, un auténtico humanista, en el más amplio sentido del término, en su discurso de aceptación del más importante reconocimiento arquitectónico hacía hincapié precisamente en cómo en su obra confluyen los más diversos saberes, lenguajes y expresiones de la inteligencia, la creatividad y el sentir de cuanto ha forjado la memoria viva de los pueblos y de los seres humanos, de la propia naturaleza que en su infinita sabiduría mantiene el equilibrio de lo que llamamos existencia: “La función de la arquitectura debe resolver el problema material, sin olvidarse de las necesidades espirituales del hombre…”

Una de sus obras más representativas y hoy más visitadas por gente de todo el mundo, reconocida ya como Patrimonio Mundial por la UNESCO (único inmueble individual en América Latina con tal distinción), la Casa-Museo Luis Barragán, edificada en 1948 y por algo morada de tan insigne arquitecto, en la tan tradicional zona de Tacubaya, ha sido motivo de un nuevo libro en torno a la trascendencia de este gran personaje mexicano del siglo XX.

El libro y la exposición

Pero si sobre Barragán y esta emblemática casa-taller se ha escrito y publicado ya mucho, dentro y fuera de México, en español y en muchas otras lenguas, La casa de Luis Barragán: Un valor universal tiene la singularidad de haber nacido en el seno de la propia Fundación de Arquitectura Tapatía Luis Barragán y quienes mantienen flamante el inmueble, con su talentosa e incansable directora Catalina Corcuera, como elemento catalizador, haciendo honor a su nombre.

Auspiciado por la Fundación BBVA Bancomer, con espléndidas fotografías de Pablo López Luz y Alberto Moreno Guzmán, y lúcidos y reveladores textos de Alfonso Alfaro, Daniel Garza Usabiaga y Juan Palomar, bajo la coordinación del propio presidente de la Fundación Armando Chávez Cervantes y la misma Catalina Corcuera, este hermoso libro de arte rinde tributo al insigne arquitecto jalisciense y la que fuera su casa y taller por casi cuarenta años, referente de la arquitectura contemporánea e invaluable patrimonio inmueble de la ciudad de México y de nuestro país.

A la par, recordando al artista genial, al arquitecto visionario, al humanista, una exposición con algunas de las más célebres maquetas y casi pictóricas fotografías del japonés Yutaka Saito de algunos de sus proyectos más valiosos y representativos, en una estupenda museografía de la artista plástica y también arquitecta Zoraida Gutiérrez Ospina (por cierto, subdirectora de la propia Casa Museo Luis Barragán) que aprovecha a la perfección una no siempre bien utilizada tercera planta del Palacio de Bellas Artes.

¡En el l10 aniversario del natalicio de Luis Barragán!