RENÉ ANAYA

Mercurio, el planeta más cercano al Sol, tal vez es el más desconocido de nuestro sistema solar, pues únicamente dos naves espaciales lo han visitado, el Mariner 10, entre 1974 y 1975, y el Messenger que desde hace un año gira alrededor del planeta y envía información sobre su composición y superficie.

El Messanger (acrónimo de las palabras inglesas MErcury Surface, Space ENvironment, GEochemistry y Ranging) fue lanzado en 2004, con el propósito de estudiar a Mercurio, donde llegó en marzo del año pasado, después de una trayectoria complicada en la que se utilizó el impulso gravitacional de Venus, la Tierra y el propio Mercurio.

Un mundo desconocido

En marzo de 2011 se produjo la primera gran hazaña tecnológica de la misión: se logró que poner en órbita al Messenger alrededor de Mercurio, cuyo diámetro es cerca de un tercio del tamaño de la Tierra, 4 mil 800 kilómetros; es el segundo planeta más denso del Sistema Solar (más “pesado”), pues su densidad es 5.3 veces más que el agua; es el planeta más extremoso, pues su temperatura en la superficie va de los 425°C a los -180°C.; además, es el único planeta interior, además del nuestro, que tiene un campo magnético global.

En ese cuerpo casi desconocido gira el Messenger, una nave de menos de un metro de altura, 1.28 metros de ancho y 1.85 metros de largo, que tiene un peso de mil 107 kilogramos, en los que se incluye tanto el combustible como los instrumentos científicos con los que se han hecho las mediciones y registros del planeta, como el espectrómetro de rayos X, el altímetros láser y el sistema dual de imágenes de Mercurio (MDIS, por sus siglas en inglés).

Los primeros resultados de esos registros, mediciones e interpretaciones se dieron a conocer a finales de marzo tanto en dos artículos publicados en la revista Sience Express, como en la Conferencia de Ciencias Lunares y Planetarias, que se efectuó en Texas, donde se informó que la misión en Mercurio se prolongará hasta el próximo año.

Los hallazgos recientes condujeron a Sean Solomon, principal investigador de la misión, a afirmar que “desde las extraordinariamente dinámicas magnetosfera y exosfera de Mercurio hasta la composición inesperadamente rica en sustancias volátiles de su superficie e interior, nuestro planeta vecino más próximo al Sol resulta ahora ser muy diferente de lo que imaginábamos hasta hace unos pocos años”.

Por ejemplo, ahora se conoce que el radio de su núcleo corresponde aproximadamente a 85 por ciento del radio total del planeta. La composición del núcleo, según los registros que se han obtenido, sugiere que tiene una corteza sólida de silicatos, un manto sobre una capa sólida metálica, otra capa líquida y en su interior un núcleo sólido. Esto podría explicar cómo ha sido la generación del campo magnético de Mercurio y su evolución térmica, según los expertos.

El agua, un tesoro común

Otro de los hallazgos sorprendentes ha sido el descubrimiento en los polos del planeta de regiones que podrían estar cubiertas de agua helada. En otros estudios se habían encontrado manchas o áreas cerca de los polos que emiten reflejos al radar, los cuales son característicos del hielo, según observaciones en otros planetas, pero que no se habían podido confirmar en Mercurio.

“Las imágenes del MDIS muestran que todas las características brillantes al radar cerca del polo sur están localizadas en áreas de sombra permanente. Cerca del polo norte este tipo de depósitos solamente se ve en regiones en sombra, por lo que los resultados con consecuentes con la hipótesis del agua helada”, ha señalado Nancy Chabot, del Laboratorio de Física Aplicada de la Universidad Johns Hopkins.

Sin embargo, la investigadora es cautelosa, pues ha advertido que estas observaciones no constituyen una prueba definitiva de la presencia de hielo, ya que ha advertido que en esos cráteres los depósitos de hielo deberían estar cubiertos de una delgada capa aislante de entre 10 y 20 centímetros para que pudieran permanecer estables.

Lo que sí se conoce, gracias en parte al espectrómetro de rayos X es que su superficie tiene elevadas concentraciones de magnesio, silicio, aluminio y calcio; así como grandes cantidades de azufre. Otro de los rasgos geográficos más destacados de Mercurio es la extensión de terrenos bajos en altas latitudes con extensiones volcánicas de casi cuatro mil millones de años. En la latitud media destaca la cuenca de Caloris, de mil 550 kilómetros de diámetro, en la que una parte de su suelo se encuentra elevado por encima de su borde. Estos rasgos podrían confirmar la naturaleza volcánica del planeta.

Los registros del Messenger han permitido avanzar en el conocimiento del planeta, pero Solomon considera que todavía se podrán descubrir más características de Mercurio para que deje de ser el planeta menos conocido del Sistema Solar.

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