Vicente Francisco Torres
 (Segunda de tres partes)

La reina de los caribes, antecedente de Honorata de Wan Guld, tiene escenarios centroamericanos y su argumento desemboca en nuestro país. Inicia en Puerto Limón, Costa Rica, continúa en Nicaragua y concluye en la laguna de Tamiahua, en el norte de Veracruz.

El Corsario Negro, que en realidad es Emilio de Roccabruna, señor de Valpenta y de Ventimiglia, no es un simple bucanero. Viste de seda negra, con desusada elegancia; sus armas y la pluma que orna su sombrero son también del color de la noche. El camarote de su barco El Rayo es un gabinete acogedor, con tapetes persas, sillones y cojines de seda. Posee en Italia tierras y castillos, por eso nada toma de los botines que se obtienen después de los saqueos. Vino desde Europa (Flandes) en busca del duque Van Guld, asesino de sus hermanos (los Corsarios Rojo y Verde), quien llegaría a ser gobernador de Maracaibo, Venezuela.

Los marcos históricos, culturales y geográficos de las novelas de Salgari son elementales. Los argumentos menudean en batallas navales, abordajes, saqueos, duelos, luchas contra animales feroces, cacerías y breviarios culturales sobre flora y fauna regionales. Salgari se informaba, pero no exhaustivamente; no se detenía a elaborar lo que en la novela histórica se conoce como arqueología, es decir, la construcción minuciosa de escenarios y la consignación de hechos documentados y personajes reales. Cuando se internan en la laguna de Tamiahua, les parece la morada de Belcebú. Los recibe un concierto de simios llorones y el narrador explica que sus potentes aullidos se deben a que tienen doble laringe.

Entre los hombres cercanos al Corsario Negro está Moko, un negro africano que conoce la naturaleza y a menudo los saca de apuros. No ignora las bondades de la carne de armadillo, los salva de los cocodrilos y les descubre las bondades de una planta que mana agua potable (tamai caspi). Gracias a él, cazan un manatí, animal emblemático pues debido a sus notorias ubres (se le conoce también como vaca marina) los europeos quisieron ver en él a las sirenas que traían en su imaginación. Como postre, Moko los llevó a un hormiguero para que aplastaran a las myrme cosistus melliger, que estaban llenas de miel.