Ricardo Muñoz Munguía
En la profundidad de los símbolos está una respuesta. Sólo basta deshebrarla, entrar en lo hondo de la escena como el que limpia algún objeto que ha estado oculto y con algún valor histórico. Por otro lado, tales símbolos, como los hechos, pueden encontrarse tanto en el pasado como en el día actual o en el objeto que está frente a nosotros. La lectura de ello, principalmente, a través de la comunión de versos, es de lo que se ocupa Mario Calderón. En voz de él se trata de que “Cada momento/ se conecta con otros/ parecidos/ en significado/ de otros tiempos./ Es una hebra/ extendida/ desde el principio/ del tejido”.
Mario Calderón, ensayista, poeta, narrador y profesor hurga en las señales cotidianas, busca en las escenas históricas. En ese viaje a la profundidad del significado el poeta escarba en su ser que es infancia, que es Yuriria: tierra que lo viera nacer y crecer, que es paisaje, que es deslumbramiento ante el mundo, que es palabra deshebrada, que es presente inundado de signos, que es océano donde los hechos históricos se repiten, que es un mundo dispuesto a deletrearse.
Un libro de divisiones es Deletreo del Mundo, pues en él las palabras se parten y cobran dos formas. Los poemas abren la memoria, de donde brotan las imágenes del campo, del amor, de los sitios que permean al poeta…, todo por partida doble. Y, por otro lado, quizás el orden sin secuencia de los cinco apartados del volumen que toman como punto de partida la “arista” (tres, cuatro, dos, cinco y uno) —línea que se inserta para marcar dos ángulos—, con toda seguridad obedece a una forma de seguir por el rumbo que el lector prefiera, comenzar la lectura donde se le antoje.
El libro de Calderón debe leerse con detenimiento y digerirse antes de pasar a otra página, pues entre los versos existen más de la primera imagen acomodada en su primer lectura. El escritor guanajuatense/poblano en su quehacer creativo abre las palabras, otra forma de verlas más a fondo, y con ello hace de un panorama rígido, un campo vivo, como lo apunta en su poema “Colon-izar”: “Por ímpetu del des-tino/ del puerto de Falos/ partió Cristóbal Colón/ —paloma que lleva a Cristo—/ a inseminar a América./ Y un trece de agosto/ día de Diana diosa/ de la fertilidad/ fue forzada Tenochtitlan/ y parió una nueva raza”. Nueva raza que en constante movimiento también se transforma para quedar en escalas sociales, y Mario se prende de las escenas históricas para que con ellas se desempolve el presente. Así, su poema “Repetición” alumbra una de las travesías circulares: “En el siglo veinte/ la burguesía/ a través de otro Carlos,/ Salinas,/ doce años después del fuego,/ defraudó a otro Cuauhtémoc,/ Cárdenas,/ el candidato/ del sol azteca”.
Un libro de imágenes reveladoras, de versos exactos, que abre una nueva mirada al lector.
Mario Calderón, Deletreo del mundo. Benemérita Universidad Autónoma de Puebla (Colección Alejandro Meneses), México, 2011.
