Patricia Gutiérrez-Otero y Javier Sicilia
Hoy vimos plantas y campos, escuchamos el gorjeo de los gorriones —valientes guerreros—, olimos el aroma del campo: a vaca, tierra, yerbas, caballos, algo de gasolina, sentimos la presencia de nuestra gente y de la que vemos en las calles, afanosa o despreocupada.
Hoy vimos por Internet que millonarios estadounidenses ya construyen una torre bajo la tierra para sobrevivir a cataclismos de todo tipo. Con piscina, gimnasio, cine, área de cultivo de verduras y peces… Recursos para vivir cinco años. Recordamos la película Wally donde algunos humanos se refugian en un centro espacial y sólo regresan cuando la vida empieza a fluir otra vez en una Tierra devastada. Hace poco también leímos que la migración a otro planeta podría ser la salvación del ser humano y su civilización (¿podemos llamar civilización a una forma de vida que está destruyéndonos junto con el planeta?).
Hoy vimos que un hombre estadounidense ha logrado, a través de las redes, que se unan muchos compatriotas suyos y ciudadanos de otros países para pedir que Estados Unidos ayude a Uganda a capturar a un delincuente que desde hace veinte años y a gran escala secuestra a niños y niñas, adolescentes, para prostituirlos o para volverlos asesinos: un tal King. Por la presión ciudadana, los estadounidenses enviaron un contingente armado. Algunos aún creen que hay que luchar contra la violencia y la maldad aunque no les afecte directamente.
Hoy vimos cómo la naturaleza obedece sus leyes sin misericordia. Anastasia, gata casera bien alimentada, no puede evitar atrapar pequeños pájaros, ratones, lagartijas, serpientes. Hoy fue el turno de un muy joven gorrión. Vimos que, por lo menos, se come completamente a su presa.
Hoy vimos cómo la gente sigue teniendo confianza para hacer tratos de ser humano a ser humano; como uno se “apalabra”, sin texto firmado de por medio ni testigos externos. La gente de a pie aún cree, aún confía… Quizá sin esta actitud fundamental para la existencia de una sociedad, ya nos habríamos comido uno al otro.
Hoy vimos, ya en Internet, a un joven que conocimos hace unos meses. Un joven francés, Benjamin Lessage, que le ha apostado a vivir sin dinero. No quiere decir que teme trabajar, significa que está pensando si el dinero, esa abstracción, es necesario en una sociedad que se basa en su adquisición y posesión y circulación. En su andar, con el mínimo dinero, ha descubierto la generosidad del ser humano…
Hoy vimos la sonrisa y los juegos de una niña y su deseo de vivir.
Además, opinamos que hay que respetar los Acuerdos de San Andrés Larráinzar, evitar los monopolios, impulsar la agricultura local, desechar los transgénicos, derruir el Cotsco del Casino de la Selva, proteger y respetar a los seres más frágiles de nuestro país, informarse y pensar a fondo sobre el voto para el 2012, expulsar a las mineras a cielo abierto, mantener el sitio sagrado de Wirikuta, visibilizar a las víctimas de la “guerra contra el narco” y hacerles justicia.
