Mario Benítez
El economista no debe ser neutral
Todo el debate sobre el cambio de los planes y programas de estudios en la Facultad de Economía, debe pasar por responder, al menos, a dos preguntas cruciales, que suelen dejarse de lado por parte de las autoridades y de otras instancias de gobierno, tales como el Consejo Técnico, el Consejo Académico de Área y algunas Academias. ¿Economistas para qué? y ¿Economistas para quién? En función del tipo de respuestas a tales cuestiones, se desprenden las necesidades académicas, contenidos, pedagogías, prácticas y todo lo relacionado al proceso de enseñanza aprendizaje y, por supuesto, al desempeño profesional del economista.
Ir a la ofensiva académica
Nosotros, los profesores y estudiantes preocupados por la situación económica y la casi nula relación de lo que aquí aprendemos y enseñamos, con la realidad miserable que azota a millones de seres humanos, debiéramos ser los primeros en exigir un cambio del Plan de estudios. Exigir con un ya basta que se deje de enseñar con tanta relevancia en el mapa curricular lo que no explica la realidad, lo que la oculta, lo que no tiene efectos reales en mejorar la economía de nuestra nación. Una nación compuesta por más de 60 millones de pobres, 20 de los cuales viven en condiciones miserables. La situación que actualmente vivimos y sufrimos, y que no es algo coyuntural, nos da la enorme oportunidad de plantear el regreso a las preocupaciones por el empleo, los salarios, el crecimiento y desarrollo económico y, por tanto, el plantear el regreso de un conjunto de materias acordes con estas preocupaciones, y que fueron borradas del mapa curricular en la última modificación de los planes y programas de estudio en 1994.
La bancarrota ideológica del neoliberalismo
La ilusión que asocia al capitalismo en su fase neoliberal, con progreso y bienestar social, hoy está en bancarrota. Esa identidad entre neoliberalismo y el “vivir mejor” está sufriendo un rotundo fracaso en nuestro país y en otras naciones. Ha llegado la hora de ajustar, académicamente, cuentas con los que inclinaron el plan de estudios, al modelo neoliberal. Y que incluso hoy, a pesar de lo inservible de las recetas neoliberales, se preparan para enseñar más neoliberalismo y recortar las materias de corte crítico. ¡Hasta hablan de compactar la carrera a cuatro años! desde luego, en detrimento de la Crítica de la Economía Política, de la Historia Económica, y de la Investigación Económico-Social. En estos tiempos de crisis total y global, reducir la enseñanza de la ciencia económica, y más aún, reducirla en su vertiente analítica, resulta un crimen académico, que no podemos ni debemos permitir.
Es hora de rendir cuentas
La terca insistencia en seguir enseñando que los mercados son infalibles, que poseen mecanismos de autorregulación, de autocorrección ante cualquier distorsión, y que toda planificación es perjudicial, debe ser emplazada a rendir cuentas sobre los resultados obtenidos en México y en el mundo. La apertura comercial, promovida a través de los Tratados de Libre Comercio; la desregulación en un nivel mundial, que fue la convocatoria para violar las constituciones, en particular los aspectos legales que protegían derechos como los de la jubilación, energéticos, educación, laborales y tantos otros; y la privatización desenfrenada de toda la riqueza pública, deben rendir cuentas sobre los resultados prometidos y los efectivamente obtenidos
Tenemos que recordar que, en el marco del llamado “derrumbe del socialismo”, de “la caída del bloque soviético”, de la instauración del “pensamiento único” y del llamado “fin de la historia”, se modificó el Plan de Estudios en 1994. Era el fin de la década de los ochenta y el principio de los noventa cuando se orquestó, en un nivel mundial, una enorme campaña contra todo lo que sostuviera la planificación estatal, y no sólo referente al socialismo sino incluso al keynesianismo. Cómo no recordar aquella escena, repetida hasta el cansancio en televisión, de un par de jóvenes bailando en la Plaza Roja de Moscú, anunciando los tenis Perestroika, elaborados por los zapatos Canadá; o el Mc Donald´s instalado a unos metros del Mausoleo de Lenin; o la demolición del Muro de Berlín, donde cientos de jóvenes desprendían trozos de pared teniendo por fondo musical la música del grupo de rock Pink Floyd. “Los pueblos eran libres”, se decía. Por fin “se acabó la opresión soviética”, “la dictadura socialista” y vendría la obtención del sueño americano con el consumismo de la Coca-Cola y la Burger King como sinónimo de libertad. Valiéndose de una relación de fuerzas desfavorable para sostener un perfil del economista con carácter crítico-social, y capitalizando, a su favor, toda esa campaña mediática en contra de la economía social, es que se sobrecargó el Plan de Estudios con materias claramente vinculadas con esa ilusión neoliberal. Eran los tiempos del avance ideológico avasallador del neoliberalismo. Eran los tiempos en que le impusieron un repliegue a las materias con un carácter crítico, científico y social.
Del sueño a la pesadilla
Pero hoy, la situación ha cambiado. ¿Dónde está el paraíso prometido si se aplicaba el máximo mercado y el mínimo Estado? ¿Dónde están sus danzarines con tenis perestroika? Hoy, en la vieja Rusia, aunque existe la cadena de comida rápida Burguer King, millones de rusos ni siquiera tienen para comer, ya no digamos la hamburguesa chatarra, sino tan sólo un bocado de lo que sea. Y aunque circulen libremente la Coca Cola y el Kentucky Fried Chiken, por todo el mundo; la crisis económica, alimentaria y del agua están aún más presentes y más globales que esos productos. De tal manera que podemos y debemos hablar de una especie de derrumbe del neoliberalismo, de su fin en la historia, de ser un pensamiento inservible para el bienestar de la humanidad, de su incapacidad estructural para dar opciones de vida digna, por no dar empleos, salarios, educación. Por negar el derecho elemental a la alimentación. Veamos objetivamente sus resultados: crisis económicas recurrentes, integrales y globales. Integrales, porque a la crisis económica hoy se le agrega la energética. La explotación y consumo irracional del petróleo nos ha llevado a su fin y a la búsqueda de una reconversión energética, encontrando en los alimentos su sustituto. Ahora se siembra para la producción de biocombustibles en lugar de alimentos, exacerbando aún más la crisis alimentaria que se padece en el mundo. De esta manera, crisis económica, energética y alimentaria se entrecruzan de manera apocalíptica y se difunden por todo el globo terráqueo prácticamente de manera simultánea. Millones de pobres, millones de desempleados, el PIB mundial a la baja. ¿Ahora a quién van a culpar? ¿Al socialismo, a Marx, a Keynes, a Bin Laden o al Chapo Guzmán? ¿Dónde está su mano invisible que todo lo pone en equilibrio? Es hora de reflexionar, ¿A qué mundo nos han conducido? ¿Qué es el capitalismo en su fase neoliberal realmente existente?
La ética del economista
Justamente ahora en que más se requiere promover valores solidarios, honestos, éticos y por lo mismo humanos, se insiste en seguir enseñando la teoría económica dominante, con su enorme vacío intelectual y con la corrupción moral y económica que promueve, al estar señalando al individuo como lo único que interesa y cuenta. Es la vieja idea del homo economicus, egoísta, frio y calculador, al que sólo le interesa maximizar su beneficio sin importarle todo lo demás. Es la mística del competir, siempre rivalizar en lugar del compartir; es la idea de enseñarle al estudiante a creer, siempre a callar y creer, en lugar de enseñarle a crear; es el sobresalir a costa de lo que sea, incluso pisoteando a los demás; el ser insensibles ante el dolor social, el ser indiferentes, indolentes frente a la miseria que azota a nuestro pueblo. Total, “Los pobres son pobres porque se lo merecen, es su propia responsabilidad”, reza la teoría institucional. Entonces, nada social debe ser la preocupación del economista, todo eso debe ser abandonado a cambio del culto al individuo o a la personalidad. Con el actual plan de estudios se les ha presionado directa o indirectamente a ser individuos y no colectivos, no seres sociales, sino entes particulares, ¿o qué otra cosa promueve la teoría económica dominante en la Facultad? Debemos recuperar el carácter social de la economía en contraposición a su carácter individual. Esta es la hora de insistir en enseñar que sí es posible avanzar en colectivo, y que sí es posible avanzar sin pisotear a los demás.
El despojo académico.
Con su ofensiva neoliberal en 1994, desaparecieron un conjunto de materias que permitían establecer el vínculo entre la economía y otras ciencias sociales, y desde entonces ya nunca más se volvió a impartir la Metodología de las Ciencias Sociales, el Análisis del Cambio Social, Desarrollo y Subdesarrollo I y II, Geografía Económica, Sociología y Política I y II, Los Seminarios de Economía Política, de la Cuestión Agraria y de Desarrollo y Planificación, así como el del Sector Público. La materia de CIES (Centro de Investigación Económico Social) cambió a INAE (Investigación y Análisis Económico) intentando quitarle su carácter social y se le redujeron los semestres y las horas a las Academias de Economía Política e INAE. Desapareció también la materia de Historia Económica de América Latina. Este enorme despojo intelectual, fue sustituido con un incremento en materias y número de horas de Microeconomía, Macroeconomía, Métodos Cuantitativos, el Taller de los viernes, tan popular entre los estudiantes, Contabilidad y Estados Financieros y en general, materias afines que tienden a la formación tecnocrática del economista. Y aquí viene una nueva paradoja: se culpa a las materias de Economía Política, Historia e INAE de ser las responsables del desempleo de los economistas y de su debacle en el mercado laboral. (¡JA!)
Que se repartan bien las culpas
¡Por favor! si se habla de preparación deficiente o de que no quieren contratar a los egresados de la Facultad, nadie puede culpar a las materias de corte crítico y social, porque el mapa curricular y sobre todo la fase terminal, está copado de materias contables, financieras e instrumentales. Si es que hay una preparación deficiente, no debe ser atribuida al estudio del marxismo. Si los estudiantes no aprenden Teoría Económica o Contabilidad o Matemáticas, esto no es culpa de los maestros de Historia o de INAE. Habría que revisar qué tipo de maestros están ingresando a la Planta Docente y con qué criterios, lo cual también debería ser tema para la transformación integral de la Facultad.
La disputa por la facultad
Para el sistema que nos desgobierna resulta muy importante tener tomada a la Facultad de Economía más importante de América Latina. Sí, tenerla bajo control intelectual, tomarla “mentalmente”; es decir, decidir “desde arriba” qué se enseña, pero sobre todo decidir qué no se enseña. De tal manera que no sólo estamos en un debate académico, sino también político, y como tal debe abordarse. Economistas para qué y economistas para quién, esa es la cuestión.
Ganar esta batalla académica, supone un vigoroso movimiento estudiantil, que ponga en el centro las tareas históricas a las que nos convoca la situación actual de crisis económica global que padece la humanidad, y que le arrebate el poder de decisión de la aprobación del Plan a la burocracia de la Facultad, para depositarlo en un gran Foro de Transformación Académica compuesto por estudiantes, profesores y trabajadores.
La apuesta
Los economistas que nosotros formemos deben tener una orientación filosófica y ética con un sentido de la vida justa y digna, en contra de una visión individualista promovida de manera intensa por la microeconomía. Se dice entonces que el economista no podrá lucrar, ganar, “hacer varo”, pero yo pienso que el objetivo de una profesión no es lucrar, que es esa la idea retardataria del individualismo promovido por la microeconomía, el objetivo de un científico no es el lucro, sino ser útil a la colectividad, ser útil a la humanidad, que sean economistas que contribuyan a sacar al país del atraso en el que se encuentra y no sacar al individuo de su muy particular problema o ayudar a que se concentre más la riqueza en los dueños del dinero. Necesitamos apostarle a la honestidad académica, a la solidaridad, a la equidad, a la transparencia, y a la justicia y luchar por la transformación de esta insoportable realidad.
Ideas desarrolladas en el Foro del 28 de marzo de 2012. Auditorio Ho Chi Minh de la Facultad de Economía de la UNAM.
