El primero puede ser el decisivo

René Avilés Fabila

Los mexicanos esperamos más con morbo que con inquietud social por saber de dónde parten las mejores propuestas para transformar a México. Impulsados por los medios, los ciudadanos esperan sangre, como en el boxeo o en los toros, como en los antiguos circos romanos.

Los medios destacan de Josefina Vázquez Mota sus exageradas críticas al PRI y justamente son las palabras ofensivas de Andrés Manuel López Obrador las que llaman la atención de los periodistas. En consecuencia, el hecho de que Enrique Peña Nieto evite las frecuentes agresiones, les parece un acto de cobardía.

Es más bien un principio político: el puntero no debe atacar sino dejar que sus rivales se desgañiten y se cansen de tirar golpes en el vacío, tal como sucede en el violento deporte llamado boxeo.

De cualquier forma, los debates, principalmente el primero, será quizá decisivo. Puede bajarle muchos puntos al priista o puede consolidarlo. Es decir, si Peña Nieto lograra salir airoso de los debates, no habría otro ganador más que él. Pero no será fácil, en esta ocasión, por llevar tan alta ventaja, recibirá ataques por partida doble, tal como ha ocurrido hasta ahora. Vázquez Mota ha centrado su campaña en ataques virulentos a Peña Nieto y, cada tanto, López Obrador se olvida de sus tesis amorosas y lanza enormes misiles donde mezcla la realidad con la mentira.

No será sencillo para el priista responder, hasta ahora se ha conducido habilidosamente en una ruta protegida y aunque ha adquirido experiencia con masas, con grandes concentraciones, no se ha visto cara a cara con sus enemigos ni sabe qué tanto armamento pesado traen Vázquez Mota y López Obrador, ambos desesperados y necesitados de un gran golpe publicitario para ascender en las simpatías electorales.
Por ahora las estrategias del priista son las adecuadas, no tiene por qué compartir insultos con el perredista y la panista, debe seguir haciendo propuestas como hasta ahora. Pero tampoco debe dejar de lado que pronto tendrá una lucha casi campal, donde recibirá desde ataques personales hasta públicos. Si no logra salir airoso (recordemos el caso de Roberto Madrazo), podrá perder algo que ya los priistas sienten segura: la casona presidencial. En los debates no tendrá más protección que sus propias habilidades.

Deberá recordar que López Obrador conoce bien el país y que tiene ideas fijas, aunque es frecuente hacerlo caer en contradicciones, como le ocurre con los medios. Tiene a su favor la audacia y el cinismo.

Vázquez Mota, a su vez, recurrirá a su condición de mujer y desde allí lanzará sus dardos, que ya son conocidos ¾Peña como mentiroso¾, tratando de desconcertar y sacarlo de quicio. Imagino que Peña Nieto sabe de la importancia del debate. Hasta hoy ha corrido con gran fortuna y apenas ha tenido tropiezos, pero puede pasar de triunfo a derrota.

En todo caso, estaremos presenciando un par de debates oscuros y agresivos, de pocas ideas y muchas ofensas personales y esto último suele agradar al grueso público. No dejemos de lado que así creció Diego Fernández de Cevallos y que por no asistir al primer debate, López Obrador perdió la elección hace seis años.

 

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