Alejandro Alvarado

En su nuevo libro, El silencio me despertó, Eusebio Ruvalcaba reúne lo trabajos periodísticos que tenía publicados en revistas y diarios, con intención de reflejar un interés de su parte por la literatura, la música y, en general, por la vida. Con una actitud crítica y generosa, Ruvalcaba en sus artículos da a conocer la obra de poetas y compositores. Lo que destaca en el periodismo es “propiamente un periodismo, si se le puede llamar así, cultural, pues donde yo pongo el dedo en un aspecto que me atrape de la poesía, por ejemplo, si encuentro que esa poesía, ese poema, me conmueva, pues entonces intento transmitirle al lector esta emoción que me suscita y para eso traigo el poema a colación y lo muestro; y cuando hablo de música es lo mismo. Siempre va la emoción por delante. Yo no sé si a eso se le puede llamar periodismo”.

—¿Qué lugar ocupan en su obra sus trabajos periodísticos?

—Yo no la llamaría obra. Me repugna concebir lo que escribo como una obra, sino, simple y llanamente, un trabajo y, digamos, a lo que he hecho para los medios yo no le veo ninguna relevancia en particular, y, respecto de lo que he trabajado, ocupa un lugar que tiene otra connotación, como la tendría la ficción o la narrativa en particular.

—La música es una presencia permanente en estos trabajos…

—En la música encuentro el más alto valor y la más alta elevación espiritual y, muy en particular, en las composiciones de los grandes maestros. Por esa razón destaco su importancia. La música es bienhechora y produce una profunda satisfacción: el modo de vivir en armonía con el resto de la gente, y, por medio de ella, encuentro un bálsamo que alivia el dolor y el sufrimiento. Por esa razón ocupa en mi trabajo el primer lugar.

—La música de concierto predomina en su trabajo, ¿por qué la diferencia con otros géneros de música?

—Es una diferencia notable pero yo no la marco, es una diferencia histórica. Yo no excluyo la emoción que produce absolutamente ninguna música. Cuando hablamos de música, cada quien habla con la que se encuentra estrechamente relacionado. No puedo decir que algún género provoque mayor emoción que otro. Por ejemplo, si pienso en no sé qué tipo de música escuchaban los zulúes de África, los mayas o los aztecas, seguramente a ellos les provocaba una emoción muy en particular. Y la música que yo escucho es la que toca mi corazón. Pero no desde el punto de vista histórico tiene la misma importancia cualquier música. Cada corriente tiene procesos, periodos que a los psicólogos les encanta señalar, pero ellos no contemplan la emoción sino nada más la importancia histórica. De manera que para mí la música es una presencia. Vulgarmente se considera la música clásica como la más elevada que ha habido, mas lo que importa es la emoción que ésta provoca. Si nos remontamos a periodos en que no existía este género, no vamos a decir que toda la humanidad se privó de escuchar la música más elevada. Se puede entender la complejidad y la aportación de los grandes maestros, cómo han beneficiado a la humanidad, cómo Beethoven ha beneficiado con su música el sufrimiento de hombre sobre la faz de la Tierra. Ésa es una cosa y otra muy distinta decir: es la música más elevada. Cada quien en su carácter la oye como dios le da a entender.

—Veamos la poesía que destaca en su labor periodística.

—La poesía es un modo de relacionarte con el mundo. Es un modo de valorar la importancia de las palabras y la aportación espiritual en nuestra vida. La poesía revela la esencia de la naturaleza humana y forma parte del conocimiento de lo esencial. La poesía te pone en contacto con lo esencial del hombre.