Constancia y consecuencia

Marco Antonio Aguilar Cortés

Morelia.- “Sólo con un cambio de régimen se acabará la violencia en el país”; así lo sentenció Andrés Manuel López Obrador, en su gira reciente por Tampico, Tamaulipas.

 Y, desde luego, ese mismo candidato a la Presidencia de México se ha personificado como el único que puede generar ese cambio. Nadie más, exclusivamente él.

Michoacán, como algunas otras entidades federativas, viven al filo de la violencia, motivada por una mezcla de causas, entre las cuales hay algunas no ajenas al gobierno federal, que circula por la derecha y que está por irse, y a la anterior administración local que, autodenominándose de izquierda, se resiste a marcharse, desobedeciendo el mandato ciudadano de un voto adverso.

Esos extremos, debilitados y confundidos por la presente o futura pérdida de su poder, están dispuestos a generar violencia, y a acrecentarla, en la medida de sus posibilidades, teniendo a favor de su virulenta causa los graves problemas socioeconómicos que ellos mismos han creado a su paso por el poder público.

Es cierto, también, que el centro de esa izquierda y de esa derecha no está del todo exento de responsabilidad, puesto que de una u otra forma ha participado en la incubación de la problemática que hoy nos aqueja de manera tan aguda.

Empero, Enrique Peña Nieto, el mejor posicionado,  ha sido el único en afirmar que él reconocerá el triunfo de quien gane estas elecciones, y laborará en torno a quien venza en ellas, exhortando a la unidad nacional; e invitando a todos los demás contendientes a que expresen y hagan lo mismo.

Únicamente se ha unido en forma explícita a tan necesaria actitud, y a tan sensata propuesta, Gabriel Quadri, el último de la fila en las preferencias.

En cambio, Josefina Vázquez Mota, pero sobre todo López Obrador, parecen ser sembradores de violencia en torno a su contrincante Peña Nieto. Ambos rijosos, a su manera, han armado cruzadas virulentas y ponzoñosas en contra de quien lleva la delantera.

Como un preciso ejemplo de lo anterior tenemos el proceder agresivo e intolerante de algunos miembros de la Universidad Iberoamericana en contra del PRI y Enrique Peña Nieto, portando símbolos del PRD, y avergonzando a muchos otros integrantes de esa universidad que reprueban la intransigencia y el sectarismo.

Por cierto que en este caso pudimos ver a un Peña Nieto tolerante, sereno, escuchando con respeto todo lo que se le dijo, contestando con soltura, precisión y razonamiento, lo que a su juicio consideró necesario y prudente. Pero una actitud así parece poner más nerviosos y violentos a sus adversarios electorales.

Y la violencia, aunque resulta una constante histórica en México, de emblemático reconocimiento en ciertas etapas de nuestra vida nacional, en nada nos ayudaría a los mexicanos en este tiempo, más cuando todos estamos observando que está motivada por fuerzas poderosas que provienen de los Estados Unidos de América.

Aunque para el tabasqueño la única fuente de la violencia “es el actual régimen de corrupción… y de ganar la elección tendré la capacidad de resolverlo pronto”, existen múltiples y variadas causas de la violencia que padecemos, y él no sólo no puede resolverlas pronto, sino que su remoto triunfo las activaría irremediablemente.

Además de que al derredor de Andrés Manuel no sólo hay gente valiosa, sino que también hay personas muy corruptas, con ellas proseguiría la corrupción, pero, claro, de manera amorosa.

Por cierto que en Morelia se inició la elección extraordinaria para la Presidencia Municipal, y Wilfrido Lázaro Medina del PRI, quien ya había ganado bajo conteo de voto por voto dicho cargo, ha tenido la aceptación mayoritaria, sumando a su favor, ahora, a muchos morelianos de otros partidos.