Bonhomía
Raúl Cremoux
En lo más remoto de mi memoria, lo encuentro en una de mis entregas al suplemento cultural de nuestra revista Siempre! allá por 1966 que, después de comandarlo el gran Fernando Benítez, le siguió Carlos Monsiváis. Vestido como si fuera a una fiesta, Carlos Fuentes me brindó una sonrisa al ver cómo mi acompañante, Emilio García Riera, me presentaba como su joven amigo.
No hubo más. Tuve que aguardar varios años cuando, a mi regreso de una beca en Francia, lo volví a encontrar en casa de Manolo Barbachano Ponce quien fraguaba la primera emisora de televisión (Telecadena) con pretensiones de ser una opción distinta a lo que entonces prevalecía como Telesistema Mexicano, que agrupaba a los canales dos, cuatro y cinco. Reunido junto con Héctor Mendoza, Arturo Ripstein, José Luis Cuevas y Jorge Kanawuati, Carlos Fuentes sostenía una vigorosa tesis de cómo la televisión debería incluir teatro de gran calidad y un ciclo de cine con películas de Rosellini, Truffaut y de Godard.
Tendrían que transcurrir algunos años que dieron paso a lo que vendría después de La región más transparente para verlo en la universidad de Southampton, Indiana, en Estados Unidos donde junto con Mario Vargas Llosa y Juan Goytisolo daban un curso de literatura. Yo realizaba un corto metraje que dirigía el Güero Alberto Isaac para Pemex. En esa ocasión los tres escritores nos brindaron entrevistas jugosísimas sobre lo que nos ocupaba y que no era otra cosa que la crisis de la energía, la primera a escala universal que se presentaba.
Hace aproximadamente quince años, René Avilés Fabila me pidió que se lo presentara. Fuentes accedió con gusto y nos reunimos a comer en el restaurante italiano La Botiglia en Polanco. Tuvimos una sobremesa de cuatro horas en la que Carlos habló de su gran pasión que era México y por supuesto la literatura. En diversas ocasiones y distintos medios, René ha dado cuenta de esa reunión en la que Fuentes brilló como el rasante sol de invierno.
Cuando el segundo o tercer secretario de Gobernación de Vicente Fox, el conservador burócrata llamado José María Abascal, le prohibió a su hija adolescente la lectura de Aura, entrevisté a Carlos para mi programa Otros ángulos en el primer Canal 40 de televisión cuyo propietario era y sigue siendo Javier Moreno Valle. La ironía fue el arma con que Fuentes trató a Abascal al declararlo su mejor agente literario ya que Aura alcanzó ventas muy importantes. La emisión televisiva en la que estuvo rodeado de estudiantes universitarios se difundió tres veces a petición del auditorio.
Durante la comida homenaje por sus ochenta años de fructífera vida, que encabezó Felipe Calderón en el castillo de Chapultepec, en donde lo rodearon cuatro laureados con el Nobel de Literatura, todos vimos a un hombre que regalaba conocimiento, bonhomía y profundidad sobre el país, la literatura universal y el ser humano.
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