Parche de basura 1.7 veces mayor que el territorio mexicano
René Anaya
Aunque los primeros testimonios gráficos y bien documentados datan de apenas hace 15 años, en realidad desde 1972 se tienen datos sobre “la gran isla de basura”, “la gran sopa de plástico”, “el gran parche de basura del Pacífico” o “el séptimo continente”, como se ha llamado a la acumulación de desperdicios de plástico, que se encuentra en medio del océano Pacífico, entre California y Hawaii.
Se trata de una región en que la fuerza de la corriente en vórtice del Pacífico Norte, que gira en el sentido de las manecillas del reloj, forma un remolino gigante que, aunado a los vientos de la zona, impide que los desechos atraídos por la corriente se dispersen hacia las costas.
Una isla misteriosa
Esa región del océano, alejada de las rutas de navegación y no recomendada por los marineros a causa de la falta de vientos y corrientes marinas navegables, permaneció durante mucho tiempo olvidada, aunque ya desde la década de 1970 se tenían evidencias de que en esa zona se estaba acumulando basura. No fue sino hasta 1997 que se redescubrió esa isla de basura recién creada.
En ese año Charles Moore, capitán e investigador oceánico estadounidense, aficionado a las regatas, regresaba a su casa en California, después de participar en la regata de veleros Transpacific, celebrada en Hawaii. “Como teníamos combustible, fuimos por una ruta poco transitada”, ha relatado Moore, quien al mando de su catamarán Alguita el 3 de agosto de 1997 comenzó a ver bolsas de plástico, juguetes, cuerdas y redes que flotaban en el mar. Días después, el 13 de agosto, se topó literalmente con esa isla misteriosa, a 140 grados de latitud oeste y 40 grados de latitud norte, a unos mil 500 kilómetros de San Francisco.
Ese gran parche de basura del Pacífico, con una circunferencia de 22 mil 200 kilómetros, está distribuido en 3.4 millones de kilómetros cuadrados, que equivalen a tres veces el territorio de Colombia o 1.7 veces el de México, y pesa 3.5 millones de toneladas, según cálculos realizados en 2006 y 2009 por dos expediciones estadounidenses.
Allí se encuentran millones de trozos de plástico del tamaño de un grano de arroz, que alguna vez formaron parte de botellas, cepillos de dientes, redes de pesca, tapas de botella, vasos, envases y otros objetos, pero que se han desintegrado por la acción del sol y los vientos.
Lamentablemente no se trata únicamente del mal aspecto de esta isla de basura, sino de los graves problemas que ocasiona al ecosistema. En las expediciones realizadas a esa región, se encontró que nueve por ciento de los peces examinados tenía fragmentos de plástico en el estómago. Asimismo, se estima que los peces en profundidades intermedias en el Pacífico Norte pueden ingerir entre 12 mil y 24 mil toneladas de plástico cada año.
De isla a séptimo continente
El problema se ha incrementado. “En un intervalo de 40 años hemos visto un aumento impresionante en el plástico del océano. Hasta ahora no hemos sido capaces de detener el plástico en su entrada al océano pero espero que en un futuro lo hagamos mejor”, ha referido Miriam Goldstein, investigadora de la Universidad de California de San Diego, en un artículo recientemente publicado.
Goldstein, junto con Marci Rosenberg y Lanna Cheng, publicó el pasado 9 de mayo en la revista Biology Letters un trabajo sobre los efectos de la acumulación de desperdicios de plástico en el Pacífico, específicamente en el ciclo reproductor del insecto Halobates sericeus, mejor conocido como patinador del mar, que ha aumentado su población.
Este mosco pone sus huevos en objetos flotantes como conchas marinas, plumas de aves, alquitrán o piedra pómez, pero ahora ha encontrado en los fragmentos de plástico un mejor lugar para depositar sus huevos, lo cual ha propiciado que aumente su población y, probablemente, cause graves alteraciones al ecosistema.
Los patinadores del mar son el alimento de cangrejos, peces y algunas aves acuáticas; o a su vez, el mosco es un depredador que consume zooplancton y huevecillos de peces. “Si la densidad de microplásticos continúa aumentando, las especies que van asociadas, como el Halobates sericeus, también podrían continuar multiplicándose, quizá en detrimento de sus presas”, han referido Goldstein y colaboradores.
La investigadora ha advertido: “Sabemos que los animales, las plantas y los microbios que viven sobre superficies firmes son diferentes de las que viven flotando en el agua. Lo que ha hecho la basura de plástico es agregar cientos de millones de plataformas duras al océano Pacífico. Estamos hablando de un cambio muy profundo”.
Ese cambio está documentado desde 1972. De entonces a este año se incrementó cien veces la cantidad de plástico flotante en esa región del océano Pacífico, según estimaciones de Goldstein y colaboradores. Por tanto, se requieren medidas urgentes para detener y disminuir esa maldición del plástico, que aparentemente hace nuestra vida más amable.
reneanayas@yahoo.com.mx
