Entrevista a Pilar Montes de Oca/Editora de Algarabía

Eve Gil

“La ociosidad es la madre de todos los vicios, y a la madre se le respeta”; “El trabajo es el refugio de los que no tienen nada que hacer”, Oscar Wilde; son algunas de las frases que distraen el paso del peatón que camina junto al caserón ajedrezado ubicado en Pitágoras 736, y le arrebatan una sonrisa, por muy estresado o malhumorado que esté. Yo tengo la fortuna de que me basta asomarme a la ventana de mi cuarto para leer esta casa que literalmente podemos llamar “de citas” y alberga las oficinas de una revista definitivamente fuera de lo común: Algarabía (léeme y sabrás).

Tan fuera de lo común, que es casi imposible clasificarla, como bien nos lo explica su fundadora y directora general, María Pilar Montes de Oca, una mujer joven y guapa, cuyos ojos refulgen cuando revive la aventura de fundar una revista absolutamente sui géneris:

“Hay un sentimiento encontrado hacia Algarabía por parte de los intelectuales. Ellos tienen sus revistas muy elitistas. Yo estudié Letras, y aun así me dan la peor flojera del mundo: o no les entendemos, o no nos resultan atractivos sus temas. Sí, nos ven un poco con resquemor… medio nos admiran, pero no hay colaboración entre nosotros.”

“Tuvimos ocho años en que no ganábamos nada; ahora ya tenemos nuestras tienditas en Coyoacán, Puebla, Querétaro y en nuestras oficinas de la colonia Del Valle. En 19 años hemos tenido cero apoyo… en Sanborns nos costó tres, cuatro años, para que nos aceptaran… años en que nadie se anunciaba en la revista. Nunca he tenido apoyos del CONACULTA, del FONCA… y menos de las empresas que publican revistas culturales en México.”

Eso no significa que Pilar no haya buscado dichos apoyos, a los que un proyecto tan interesante como el suyo tendría legítimo derecho de aspirar: “Alguna vez acudí al Fondo de Cultura Económica para ofrecerles publicidad en la revista, y Consuelo Sáizar —la entonces directora— nos negó el apoyo diciendo: “No veo que ninguno de mis amigos colabore aquí”.

“Fueron años de tocar puerta tras puerta —prosigue Pilar—  Si alguien me hubiera advertido todo lo que iba a pasar, no lo hubiera hecho… pero ahora, viendo hacia atrás, me digo, ¡guau, qué satisfacción! Cuando alguien me da las gracias por Algarabía, es suficiente. A veces uno se avienta por inconsciencia… pero la inconsciencia a veces también te da logros.”

Pese a ser una de las publicaciones más conocidas y leídas en México, y su tiraje supera por mucho a las clásicas revistas culturales, Pilar confiesa que de ninguna manera se lee tanto como TV Notas, por ejemplo: “Uno piensa, como estamos en el mundo cultural, que todo el mundo la lee, pero acabamos de hacer un estudio de mercado que arrojó que solo 6% de la población la conoce. Una persona que lee, por ejemplo, TV Notas no va a leer Algarabía… pero lo cierto es que alguien con un mínimo nivel de estudios puede entrarle perfectamente. Es una publicación no elitista, que te baja la cultura, en vez de que tengas que escalar hasta ella, algo que suele ser muy arduo y te lleva años de estudio. Es, además, muy divertida e informativa. No es sólo la cultura del arte, sino también la de la ciencia, la historia, las palabras. Por otro lado, te invita a descubrir que la cultura no sólo se encuentra en los conservatorios o en las bibliotecas, sino en el día a día; en la taza, en el tenedor, en la sabiduría de la abuelita”.

¿Sabías que…?

Antes de ser una exitosa revista, Algarabía fue un boletín trimestral de semiótica y lingüística.

“No fue una ocurrencia. Es una de esas cosas que nace por serendipia,  es decir, por un azar afortunado. Antes de ser revista era un boletín que mandábamos de nuestra empresa madre que se llama Alfamía, que hace estudios de semiótica, de lingüística y le busca nombres a revistas. Se lo hacíamos llegar a los clientes, y era trimestral. Cuando llegamos al número 6, alguien nos preguntó por qué no la hacíamos revista. La serendipia residió en que los temas que manejábamos eran universales: la nota ortográfica para redactar, algo de literatura… y luego empezamos a fijarnos en temas curiosos y raros que fuimos incluyendo. Nos importa la parte lúdica de la cultura. Así entonces, esta parte casual e informal empezó a ser funcional, y lo que era una revista que empezó con mil ejemplares cada tres meses, en el 2001, actualmente tira 60 mil. La verdad es que todavía tenemos deficiencias en la distribución, necesitamos generar más lugares porque no en todas partes hay Sanborns o puestos de periódicos. Nuestro objetivo de 2012 es crecer, llegar a más gente con el mismo tiraje.”

Entre mis manos tengo un puñado de ejemplares que Pilares tuvo la amabilidad de obsequiarme, y los temas no pueden ser más variados: castillos, mujeres fatales, India, Navidad en el cine, asesinos seriales, los Beatles, y un larguísimo etcétera. Todo esto sin contar los números especiales; libros y otros productos derivados del mismo concepto de la revista como libretas, lápices, portavasos… ¡y hasta un Chingonario!

“Tenemos un criterio editorial muy definido: nada ideológico, religioso, polémico, político… nada de opinión, ni ensayístico, ni discriminatorio, ni nada que pueda interpretarse como que pretendemos atraer a la gente hacia una cosa o la otra. Tampoco se trata de una revista de “plumas”: puede escribir desde Juanito Pérez, un niño de catorce años que nos envió un artículo de organilleros, hasta Javier Marías que nos cobró barato.”

Pilar finaliza diciendo que los temas no le preocupan demasiado porque entre ella y sus colaboradores ya tienen un programa diseñado que abarca hasta el 2015: “Este año tenemos números dedicados al pasado prehispánico, al libro, a Londres y otro más dedicado a la muerte, y cuatro especiales, uno sobre escándalos de los famosos (que ya tienes en tus manos, una parodia, precisamente, de TV Notas, pero protagonizado por Lucrecia Borgia, Rasputín, Mata Hari, entre otros); otro más sobre lo sobrenatural, la mujer, etcétera”.

 Fotografía: Eve Gil

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