Calderón nos deja mal parados

 René Avilés Fabila

Desde hace muchos años que los mexicanos supimos que el truco político mayor está en la macroeconomía. Y ésa, nos han dicho los políticos, marcha muy bien, a tal grado que ahora, preparando su fin de sexenio, Felipe Calderón nos da resultados positivos sorprendentes y poco ajustados a la realidad nacional. Desde hace algunas semanas hace cuentas alegres para probar que deja un país magnífico y de una salud política y económica notable. Realmente no hay más que mirar las urbes y el campo para ver un estado lamentable y no el que describe el presidente de México, preocupado como está al ver que Josefina Vázquez Mota es una pésima posibilidad para mantener al PAN en Los Pinos.

Según datos del Fondo Monetario Internacional y otras fuentes, la situación económica mexicana es deplorable. Trabajo sí hay, pero está dentro de la informalidad, casi el 30 por ciento ocupa el sector que se mueve dentro de este fenómeno que parece imparable. 2.5 millones de mexicanos están desempleados. Para colmo el nivel educativo es en verdad bajo. Hace buen rato que la educación básica está abandonada y la media y superior padece graves problemas económicos y vive sujeta a la presión de una multitud que año tras año aumenta sensiblemente.

Si no hay empleos y los que existen están por lo general mal remunerados, amplios sectores de la población engordan el comercio ambulante, se adueñan de las calles y propician la entrada de toda clase de productos pirata y estimula de muchas formas la presencia del crimen organizado. El gobierno, a su vez, no está capacitado, ni lo estará en el corto plazo, para enfrentarlo satisfactoriamente. Le cortan una cabeza y aparecen cien. El país que dejará Calderón dentro de unos pocos meses se encuentra herido, muy lastimado. La ausencia de gobierno se ve en todos los renglones de la economía, la vida social y, desde luego, de la política.

Si observamos con neutralidad, hasta donde es posible tenerla, la lucha electoral, el enfrentamiento de partidos, podemos percatarnos del encono, del odio y la capacidad para mentir y calumniar. No hay IFE que funcione en estas condiciones. Pero si la inseguridad no cesa, al contrario, aumenta, la política nos divide y envilece. La mejor prueba de ello la hemos podido apreciar en un muchacho que se plantó en su universidad, la Iberoamericana, con un cartel que le decía a Peña Nieto “Te odio”. ¿Algún argumento, alguna razón? No, sólo el resultado cultural de candidatos y partidos que se han echado lodo unos a otros y que no cesan en sus intentos destructivos.

Conforme vaya acercándose la fecha de las elecciones, el clima subirá de intensidad, el ambiente será cada vez más extraño y violento. Dejamos de lado los argumentos, las ideas y hemos entrado de lleno en insultos y descalificaciones a granel. Parece mentira que personas como Josefina Vázquez Mota o Isabel Miranda de Wallace contribuyan en no poca medida a fomentar el odio. Ambas han basado más sus respectivas campañas en agresiones que en ideas de cómo gobernar el país y el DF. El que intuyan que están derrotadas justifica que sus mensajes cotidianos carezcan de propuestas y se monten en groserías y descalificaciones, incluso en falsedades. ¿Realmente en el Distrito Federal las “paredes” las ha puesto Beatriz Paredes, o es el PRD, partido que gobierna desde hace más de doce años? En el campo nacional, Peña Nieto, según Josefina, ha arruinado a los mexicanos cuando los dos mandatarios recientes, Fox y Calderón, pertenecen al PAN, ¿por qué acusarlo en consecuencia?  Con sólo citar el atroz número de muertos en  menos de cinco años de conducción de Felipe Calderón, pareciéramos una nación en guerra civil o que padece una invasión. Mal parados nos ha dejado el mandato que está por concluir.

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