Difusa definición ideológica
Teodoro Barajas Rodríguez
En tiempos de campañas se dicen muchas cosas, se aventuran las especulaciones para distribuir rumores maliciosos o se evade la realidad con medias verdades o justificaciones forzadas. En algunos círculos se comenta que habrá una alianza entre el PAN y el PRD para cerrar el paso a Enrique Peña Nieto.
En principio las coaliciones o aleaciones entre la denominada derecha y la identificada izquierda de los últimos tiempos ya lo hicieron para ganar al PRI, no sería algo nuevo aunque eso termine por decolorar las ideologías y destrozar las identidades, o lo que aún quede de ellas.
No creo que haya tal alianza de ocasión en extremo pragmática, en muchos militantes del panismo y el perredismo aún existe un elemento indiscutible: la memoria.
Hace mucho tiempo las definiciones ideológicas se empantanaron, tal vez el reducto de muchos izquierdistas sean los cafés porque los intereses electoreros han mermado la reserva moral de una izquierda cada vez más diluida.
No obstante, hay una corriente en el interior del PRD identificada por un afán maquiavélico denominada Nueva Izquierda, que no es una cosa ni otra pero ha resultado exitosa porque hace rato tiene mayoría en el Consejo y demás instancias burocráticas del Sol Azteca. Ese grupo que ahora mantiene la dirigencia del PRD es capaz de cualquier cosa, ni memoria ni ética.
Izquierda y derecha son antagónicas desde el mismo origen de esa geometría política que emergió en la Francia que se encaminaba a su revolución.
El PAN tiene muy poco en común con el PRD, en el 2006 la polarización fue tal que produjo un serio encono del que aún prevalecen rasgos, una hipotética alianza sólo por ganar como sea aunque se pague un precio alto es dejar ajados los principios que ambos partidos pregonan reiteradamente.
Josefina Vázquez Mota se hunde en la contienda, Andrés Manuel López Obrador mandó de vacaciones su república amorosa que al final sólo se reduce a una metáfora o una quimera.
Por todo ello cada vez queda más difusa la definición ideológica, los discursos de los candidatos se han vuelto sumamente predecibles, las novedades no se registran y algunos hablan de las alianzas, otros en cambio las repudian.
Nuestra clase política no evoluciona, reciclados los currículum y las caras se han postergado los liderazgos emergentes, con algunas contadas excepciones. La elite sigue definiendo en la partidocracia que cada vez acumula más hastío de la gran mayoría que no tiene militancia porque los motivos para ello son múltiples.
Un tema que los candidatos deben agregar a su agenda es el que tiene que ver con la discriminación y las formas para combatirla, esto incluye construir políticas públicas para confrontar la violencia intrafamiliar.
Cómo hacer para combatir la homofobia y todas las formas en que se practica la segregación porque dichos lastres reflejan que nuestra democracia es frágil, endeble y que no puede agotarse en la emisión del voto.
Temas cotidianos que son sensibles deben incluirse en el marco de las propuestas porque la polarización en sí misma no creo que abone para vigorizar nuestra deficiente democracia.
