Ricardo Muñoz Munguía
(Primera de dos partes)

Los registros poéticos de un autor son innegables marcas que se delinean detrás de su piel. La intimidad, a través de la palabra, aflora, se distingue, quizá, sin que su creador mismo lo tenga plenamente en cuenta. Se convierte en el medio para darle presencia a la página cubierta a dos manos, es decir, tomándose de lo consciente y lo inconsciente consigue que el verso se quede, primero, en una inicial mirada del lector para disfrutarlo con su fuerte dosis de imágenes, olores, sabores, sensaciones… y, segundo y más a fondo, logra por igual clavarse en los recovecos del que ve a través de las líneas, eso que inquieta y que deslumbra al digerir la lectura del poema. Entre esos ecos parece renacer la fe, afianza su presencia: “Nos construyes, casa, con vuelos de mil insectos/ en el bosque de la mente, acaso matojo/ inexplorado entre tus mapas de un arenal/ y anchura que se moverían con lo pesado/ de la calle pero tu emoción de piedras niñas/ recordando, el solar donde mis hijos arman/ cada juego entre tu tiempo alerta, encementado;/ bajo la luminosidad hecha esperanza/ crece un clavel y fija sus límites del día”. Límites que son vida creciente, más allá de la postura física, alargamiento de la memoria.

A Gilberto Castellanos (Ajalpan, Puebla, 1945), para quienes gozamos de su generosa amistad, lo podemos encontrar a lo largo de su obra. Destellos de nítido enfoque constantemente aparecen, sobre todo, en su labor poética. A este quehacer también se le suman las artes plásticas (varios dibujos y pinturas de calidad se aprecian en sus poemarios; como es el caso de la portada del volumen que hoy nos ocupa), la narrativa, el ensayo y una labor importante en la promoción y difusión de la cultura, así como periodista cultural y profesor.

Bien se menciona en la presentación de Juan Jorge Ayala que hace al más reciente volumen Aural, que se publica a poco más de dos años de la desaparición física del escritor poblano: “En el generoso matiz de la obra poética de Gilberto Castellanos, Aural, se revela como el más intimo haz del poeta”. En efecto, con mayor medida encontramos a Castellanos en este volumen, mas su voz poética expone todas las propiedades que hacen de cada verso vida y tiempo, con la esencia estética y la intensidad que delinean a Gilberto.