Grandes desafíos de los jóvenes

Raúl Cremoux

¿Puede un movimiento que nace bajo la impugnación a un candidato de oposición realmente ser apartidista? A lo anterior habría que agregar una dosis de ojeriza que comienza con el letrero de Te odio, continúa con la estridencia y el golpeteo contra una camioneta en la que creen va el mismo candidato de oposición y, con el correr de los acontecimientos, culmina con lo que pudiera ser el llamado miserable a un asesinato: “¡Dónde estás, Mario Aburto cuando más se te necesita?”.

Es ésta la cuna en que nace una asociación de jóvenes que ha recibido un sinfín de elogios por su frescura y por la motivación de conciencia en su largo letargo, que según algunos caracterizaba a la sociedad mexicana y hoy está más despierta que nunca.

Como denuncia ante las asimetrías y abusos de las clases dominantes ese movimiento resulta atractivo; lamentablemente se vale de una lógica que encuentra acomodo en el candidato López Obrador. Se trata de una imposición de los de arriba; son ellos quienes han dado vida a un títere que se mueve a su antojo en los medios difusores. Por sí mismo no vale, está forrado en oro y se han valido de la mentira y manipulación de las conciencias para convertirlo en una herramienta de sus más retorcidos intereses. De ahí que estemos obligados, todos, a rechazarlo.

¿Quiénes están atrás de las agencias de investigación de opinión pública que mienten reiteradamente cuando señalan que se encuentra veinte puntos arriba de los otros tres candidatos? La mafia por supuesto. Los ladrones de cuello blanco y sus cómplices incrustados en todas partes.

Una vez más, estamos ante el mismo complot que le arrebató la presidencia seis años atrás.

Los jóvenes no se han manifestado contra la ineficacia en combatir el tráfico de enervantes que han provocado casi 60 mil muertos, un número no determinado de heridos y cuando menos 50 mil viudas y cerca de 100 mil huérfanos. Tampoco lo han hecho ante el advenimiento de 12 millones de nuevos pobres con carencias alimentarias ni ante la bajísima calidad en la educación que entre los niños el resultado es casi el analfabetismo y en los estratos superiores se manifiesta con un ridículo número de patentes como sinónimo de nuestra escasa, muy escasa competitividad internacional.

Los jóvenes manifestantes tienen ante sí grandes desafíos que seguramente comenzarán el 2 de julio con una aguda decepción. Será a partir de esa asimilación cuando, con otras maneras, busquen su incorporación y participación en la sociedad.

Serán bienvenidos.

 

cremouxra@hotmail.com