Ricardo Muñoz Munguía

El silencio es un mar pletórico de memoria. Sus olas parecen dictar el deseo, el temor, el placer, el desencanto… Y el poeta atrapa esas voces de agua. Lo despiertan.

Eusebio Ruvalcaba (Guadalajara, Jalisco, 1951) sabe internarse en las venas del lector. A lo largo del volumen nos encontramos con los temas que le atraen de manera directa, pero lo hace con los tonos que refrescan la lectura y, que no sólo atraen a los especialistas, sino que sus páginas permiten gozar, o contagiarnos, a todos, de Brahms, Mozart, Heifetz, Beethoven, Ricardo Castro, pasando por Guty Cárdenas, por mencionar algunos. Con la misma pertinencia, Eusebio abre un panorama de varios escritores de los que se ocupa, o de sus obras, entre ellos Malcolm Lowry, López Velarde, Coetzee, Ricardo Garibay. Casi de igual manera, sin disfrazar su relación o atracción por la mujer y el alcohol, celebra el sabor de la vida, que es placer. Y lo hace a manera de un diario, combinando en el mismo artículo temas y géneros literarios.

El silencio me despertó (Almaqui Editores, México, 2011) integra en sus páginas, principalmente, la música, de la que aparecen varios de sus creadores y cómo han clavado el filo de su arte en el corazón de Ruvalcaba, y aquí cabe mencionar por partida doble a sus padres de Eusebio, ambos músicos, formadores de un estudioso y crítico de la música y forjadores de un hombre dueño de una pluma de brillante palabra.

Afirma Evodio Escalante en la presentación del volumen que hoy nos ocupa: “He aquí el triángulo irresistible que invita a las delicias del corto-circuito, dados los vínculos secretos que existen como todo mundo sabe entre la música, la poesía y el portento inefable de la feminidad”. Y apegada a cada una de las paredes de este triángulo aparecen la infancia, la familia y el vino, con lo que brinda, de preferencia a solas, por el gozo: “No conozco otra manera de dar gracias a Dios”.

Constantes destellos de la memoria del autor de Un hilito de sangre nos llevan a través del dato curioso o la anécdota para, así, recorrer un mundo donde las artes y la vida cobran belleza y sentido.