Revulsivo necesario

Teodoro Barajas Rodríguez

El tiempo se acaba para el PAN, la campaña de Josefina Vázquez Mota no motiva, no conecta y comienza a helarse. Todas las encuestas coinciden en que la alternancia a nivel del gobierno federal retorna, motivos existen para ello.

La elección federal es el termómetro de aceptación o rechazo de un importante sector de la población que acude a sufragar, los vaticinios desde ahora son que se reprueba la administración que encabeza Felipe Calderón. Acción Nacional no se asimiló como gobierno luego de varias décadas de ser oposición leal al antiguo régimen.

Javier Sicilia y los jóvenes del movimiento de Yo Soy 132 agregaron otra dinámica porque sacudieron las campañas de bostezo para dotarlas de polémica, debate y muchas interpretaciones. Fue un revulsivo necesario.

En un país democrático, el debate de ideas, los disensos y las críticas deben verse como algo natural, tampoco es para hacer aspavientos porque México no debe ser un pueblo vacunado contra la rebeldía. La era de la unanimidad y del presidencialismo imperial corresponden a un pasado que allí se ha instalado; la alternancia, competencia y equilibrios son lo deseable, digamos que ello contribuye a vigorizar ciudadanía, democracia.

En el último mes Andrés Manuel López Obrador ha registrado un crecimiento en cuanto a preferencias, ignoro si le alcance para empatar y rebasar a Enrique Peña Nieto, pero a Josefina Vázquez Mota ya la dejó atrás.

Seguramente una gran mayoría de mexicanos apostamos por un cambio pacífico apegado a la legislación vigente, la política contiene valores primigenios que se oponen a la violencia que resulta la antítesis a la referida tabla axiológica.

En el último número de este semanario aparece la fotografía de una pancarta que pregunta dónde está Mario Aburto cuando el país lo necesita, destacado el análisis de la maestra Beatriz Pagés en el editorial correspondiente.

En lo personal me parece una bajeza la citada expresión contenida en la pancarta, evocar hechos cobardes para insinuarlos en el presente no tiene nombre, porque el odio y la barbarie sólo demuestran que los individuos torvos de una mentalidad torcida están sueltos, son la negación misma de la democracia y desearían contagiar de su mal con la ponzoña letal de su patología.

La voluntad popular determinará el rumbo que tomará nuestro país, en eso consiste una parte sustantiva de la democracia, la nuestra por supuesto.

Estoy a favor del debate, las campañas nunca serán una proclama permanente de adoctrinamiento, no se trata de una clase de catecismo, pero eso dista mucho de convertirlas en motivo para incentivar el odio, la calumnia o la apología de la impunidad.

Lo único que se puede tener claro es que nuestro país se enfila a la alternancia y deseo que este apocalipsis en que nos han metido ya concluya.