Gabriel Fernández Espejel

El mes de mayo trajo para África dos acontecimientos alentadores tanto para Sudán y Sudán del Sur como para Somalia. En ambas situaciones, a través de la intermediación y seguimiento de la comunidad internacional, se busca sentar las bases para el restablecimiento de la paz.

Por un lado, la misión de paz de la Organización de las Naciones Unidas (ONU) confirmó el retiro de las tropas de la región fronteriza de Abyei por parte de Sudán y Sudán del Sur. Acción que se dio a la par de la llegada de las delegaciones conciliadoras de ambos países a Addis Abeba, capital de Etiopía, para sentarse a la mesa a negociar los puntos pendientes en relación con el establecimiento de la división territorial en la región de Abyei (rica en hidrocarburos), las cuotas para el uso de los oleoductos que debe pagar el sur a su vecino del norte, así como para eliminar los apoyos que dan ambos gobiernos a grupos rebeldes opositores del lado de sus fronteras.

Sin embargo, Sudán decidió mantener una fuerte presencia policiaca en Abyei, acción que mantiene la tensión en la región y que es vista como un desafío a la retirada que demandó la ONU. El gobierno de Jartum arguyó que estas fuerzas tienen por objeto guarecer los pozos petroleros en Abyei y que se mantendrán ahí hasta que haya una fuerza común y planeada en la región. Por su parte, el gobierno de Juma en Sudán del Sur ve este hecho como la continuación del enfrentamiento armado, vigente prácticamente desde la secesión de ambas naciones en julio pasado.

El establecimiento del orden en Somalia es el otro tema que acapara la atención en la esfera internacional. Representantes de 54 países y de organismos multinacionales se reunieron en Estambul, Turquía, para dar solución a lo que hace más de veinte años se considera un Estado fallido. El principal interés: establecer el mapa de ruta para el país del Cuerno de África de aquí al año 2015 en los temas de la hambruna, agua, energía, infraestructura carretera y sustentabilidad. No obstante, el primer ministro de Somalia, Abdiweli Mohamed Ali, puntualiza que el futuro de la nación está en manos de la misma nación.

Asimismo, el interés de la conferencia en Estambul está en el periodo que estableció la ONU para la transición democrática y el fin del gobierno interino en agosto próximo. La anarquía que ha prevalecido en las últimas dos décadas se refleja en un territorio dividido en al menos nueve regiones: dos zonas que han proclamado su autonomía (Somalilandia y Puntalandia), una porción controlada por fuerzas islámicas, zonas bajo el dominio militar de Etiopía y Kenia, diferentes administraciones pro gobierno y la capital Mogadiscio bajo un gobierno controlado por la Unión Africana.

Otro tema de mayor importancia en la agenda en Estambul es el trato que se le dará al grupo rebelde islamista Al Shabab, sin invitación al encuentro. El mensaje que se le ha enviado es que se le combatirá con la dureza que sea requerida a fin de apagarlo, al mismo tiempo que se da la bienvenida a los miembros de Al Shabab que decidan deponer las armas e incorporarse al proceso político. Las fuerzas de la Unión Africana han enfrentado a Al Shabab, que este año se unió a Al Qaeda, de manera intensa desde que le arrebataron la capital Mogadiscio en 2007 hasta el último atentado en contra del presidente Sheikh Sharif Sheikh Ahmed el mes pasado, cuando visitaba el último pueblo recapturado de Afgoye.

Somalia, Sudán y Sudán del Sur comparten los conflictos más largos en el continente, que acumulan décadas y se mantienen abiertos. Bajo un panorama que tiende más al incremento de hostilidades y la división, la participación internacional no garantiza, necesariamente, el regreso al orden, pero sí representa una nueva esperanza para estas naciones.