Recta final

 

Carlos E. Urdiales Villaseñor

Sin más debates por delante, las campañas electorales entren ya en su fase final. Habremos de ver y escuchar toda clase de estrategias que consolide un mensaje, un propósito por candidat@. Cambiar, ratificar, probar. Cada campaña apostará su resto y lo hará por cuanto medio les sea posible.

Los caminos andados por Enrique Peña Nieto, Andrés Manuel López Obrador y Josefina Vázquez Mota habrán de determinar su futuro inmediato, pero más importante serán los destinos democráticos con los que viviremos los próximos años. No sólo saber quién ganará sino quién y con quiénes serán contrapesos políticos del poder institucional.

Falta la recta final, la parte ruda y cursi de este proceso. Se adelantan quejas y decalificaciones lo mismo que festejos y lamentos. La profundidad de las “heridas” de la batalla electoral y su grado de dispersión estre distintas capas de la sociedad sólo podremos verlas más adelante. Dependen de cómo lo quieran y puedan procesar, lo mismo ganadores que derrotados. De ellos y sus discursos dependerá en gran medida continuar con esa tenue frontera entre mexicanos legítimos y espurios.

El resto queda a la suerte de como cada ciudadano conciba esta contienda electoral como tal, como una contienda y no como guerra entre clases y castas. La realidad política no admite más que hechos.

La campaña priista debe ser reconocida por el altísimo impacto de su candidato, de una campaña electoral que ha resistido las tentaciones de fracturas internas, de un trabajo de equipo que ha sabido contener y aprender. De un personaje que ha convertido mucho de lo que lo rodea en activos políticos, su “arrastre” entre la gente es inegable. Las raíces del mismo no pueden ser sóo producto de una alta dósis de exposición mediática. Hay más, quizá no todo, pero no es resultado de la conjura fáctica.

El crecimiento y transformación de negativos a positivos en López Obrador son dignas de un caso de estudio posterior. El evitar no sólo romper con Marcelo Ebrard y todo lo que eso conlleva, ha sido parte sustancial de una campaña que increíblemente se ha librado de sus históricas y muy democráticas guerras fraticidas, cochineros y acusaciones siempre explicadas y nunca comprendidas. Los activos de López Obrador son únicos.

Y en la trinchera panista hay también un caso por demás digno de documentar y analizar. Un proceso interno tan real que deja de nueva cuenta, en tan sólo dos sexenios panistas, a dos presidentes sin posibilidad de imponer a sus favoritos. Lo auténtico de esa circunstancia ha dejado como saldo una visible falta de cohesión operativa.

Viene la recta final. Después del primero de julio habremos de adaptarnos a la realidad por que hemos visto ya que la realidad es terca y no se pliega a nuestros legítimos deseos.

 

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