Revela un estudio de dos psicólogas de la UNAM
René Anaya
Hace seis años se puso en marcha una campaña en que se utilizó al miedo como arma política, pues se afirmaba que López Obrador era un peligro para México, ya que si obtenía la Presidencia habría pérdida de empleos, fuga de capitales, pérdida de los bienes materiales como automóviles y casas. Es decir, que habría una grave crisis económica.
La estrategia de infundir miedo a un gran sector de la población, aunada a otros factores políticos y socioculturales, dio el resultado esperado por los creadores de esa campaña del miedo: muchas personas retiraron su apoyo al candidato opositor y optaron por el representante del PAN, quien finalmente triunfó en unas elecciones impugnadas y cuestionadas hasta la fecha. Pero las consecuencias negativas de esa campaña siguen presentes en el país.
Arma política
El miedo se ha utilizado como un instrumento de control político en todas sus gradaciones, que van desde una amenaza velada de peligro si se llevan a cabo ciertas acciones, hasta la tortura, la prisión y el exterminio. Por supuesto que en los Estados absolutistas se hace evidente ese terrorismo, pero en regímenes aparentemente democráticos, el empleo del miedo es más sutil y se puede pretender darle legitimidad en aras de una competencia electoral.
Sin embargo, como ha referido el filósofo Jorge A. Castillo Alonso en su artículo “Hobbes, Naomi Klein y el uso político del miedo”, publicado en garabatosalmargen, wordpress.com: “Cuando un gobierno democrático promueve o se aprovecha del miedo para gobernar, lo que se pone en peligro es la misma democraticidad de la democracia. En general, podemos decir que la democracia y el uso político del miedo son incompatibles”.
Las consecuencias de estos actos en los jóvenes han sido estudiadas por las psicólogas Irene Aguado Herrera y Laura Palomino Garibay, de la Facultad de Estudios Superiores Iztacala, de la Universidad Nacional Autónoma de México. Los resultados los publicaron en el artículo “Jóvenes, participación política y campaña del miedo”, en la Revista Electrónica de Psicología Iztacala, en mayo de 2010.
Las investigadoras mostraron 15 mensajes promocionales, que formaron parte de la campaña del miedo, a dos grupos de cuarenta estudiantes de la carrera de psicología para estudiar su impacto. Los resultados fue la transmisión del miedo, que constituyó el eje y el objetivo de la guerra sucia.
“Esta emoción no sólo impactó en el electorado en el sentido de su votación sino en la generación de emociones concomitantes como el enojo, el coraje, la tristeza y la apatía, reforzando con ello una visión negativa de la política que durante mucho tiempo ha prevalecido en el país; al concebírsele como actividad sucia y alejada a los intereses y objetivos de la vida y el bienestar común”, refieren las investigadoras en su trabajo.
Algunas cosas nunca cambian
Al parecer esa actitud negativa empieza a cambiar, como lo demuestra el movimiento Yo Soy 132, que ha congregado a miles de jóvenes para participar políticamente, pero de manera apartidista, en el actual proceso electoral.
Lamentablemente, otra vez se recurre a la guerra sucia, al miedo como arma política, con el que se pretende infundir temor por una supuesta vuelta al pasado, ya que se asocia “cualquier cambio político al retorno automático de un clima de inseguridad e incertidumbre respecto a la satisfacción de necesidades básicas, y amenazando con la pérdida de objetos materiales, asociados al bienestar y a la tranquilidad social, lo que acarrearía violencia política”, como refiere la psicóloga chilena Elizabeth Lira Kornfeld en su análisis de la campaña de terror realizado por Pinochet cuando se llevó a cabo el plebiscito por el sí o el no en 1988, que terminó con la dictadura militar.
La descripción hecha por Lira Kornfeld en su trabajo Psicología de la amenaza política y el miedo, bien puede aplicarse a la actual campaña del PAN, que alerta contra el retorno al pasado si se vota por el Movimiento Progresista de López Obrador.
La candidata panista afirmó: “Hemos vivido esos gobernantes que imponen precios, que quieren controlar el mercado, que son populistas. Y lo que terminan haciendo son crisis económicas, pérdidas de ahorros, devaluaciones, que las familias pierdan su casa, pierdan sus cuentas, pierdan su patrimonio”.
Efectivamente, parodiando la propaganda política del PAN: hay cosas que nunca cambian. Se emplea la misma campaña de terror político que se hizo en 2006, con los mismos intereses y estrategias empleadas por la dictadura chilena en 1988 para infundirle terror al electorado.
En Chile no funcionó esa campaña porque finalmente el pueblo ejerció su derecho a decidir sin temores y no hubo una vuelta al pasado, sino una verdadera transición a la democracia.
Aquí, esperemos que los electores depositen su voto sin el miedo que genera enojo, coraje y apatía.
reneanayas@yahoo.com.mx
Nota aclaratoria
En la edición 3078, de fecha de 10 de junio, la colaboración del doctor René Anaya apareció con el título de “Dos genes deciden votar o abstenerse”. La oportuna y pertinente observación del autor —vía mail de que “el artículo de esta semana tuvo un título fallido, pues el artículo dice lo contrario de la cabeza, que los genes no deciden votar o abstenerse”— es a todas luces cierta. Una lectura errónea y superficial de la Redacción fue la causa del galimatías. El título original, y correcto, era “El voto a ciencia y conciencia”. A don René Anaya, en primerísimo lugar, y a los lectores, les ofrecemos una disculpa.
La Redacción
