Entrevista a Javier Sicilia/Autor de El fondo de la noche

 

Eve Gil

Para un escritor, la aparición de un nuevo libro es todo un acontecimiento equiparable al nacimiento de un hijo, aunque, en ocasiones, éstos ven la luz acompañados por una tragedia, caso de la nueva —y probablemente última—novela del poeta Javier Sicilia, cuyo hijo, Juan Francisco, fue asesinado casi al mismo tiempo que El fondo de la noche (Literatura Mondadori, 2012) era sometida a revisión.

“Terminé una primera versión —dice— antes de irme a Filipinas y no la había vuelto a tocar hasta después de la muerte de mi hijo. Había empezado también un libro de poesía, pero ya no tenía humor de continuarlo. Aunque esta novela me la solicitaron, le hice unos ajustes y la entregué. La sentía una especie de espejo del presente. Cuando estaba releyéndola me aterraba profundamente ese espacio de simultaneidad, donde el ayer se vuelve hoy y el hoy se refleja en el ayer. Nos plantea interrogantes fundamentales sobre lo que estamos viviendo actualmente en México.”

La vida de Maximiliano Kolbe

Curiosamente, el tema mismo de la novela parecía anunciar algo para su autor: rescatista de personajes que debieran ser santos o héroes para los católicos, y sin embargo son muy poco conocidos, Sicilia recrea la vida de Maximiliano Kolbe, un sacerdote polaco que termina en el campo de concentración de Auschwitz y ofrece su vida a cambio de la de un prisionero judío.

“Las hagiografías —señala el autor y activista social, nacido en la ciudad de México en 1956— están llenas de mitos, por desgracia. Los héroes son casi perfectos. Santo Tomás fue muy claro al decir: «La gracia no sustituye la naturaleza, ayuda a perfeccionarla», entonces la hagiografía borra la naturaleza y pone a estos personajes como absolutamente mitológicos, como las telenovelas: los buenos-buenos son bien pendejos y los malos-malos son bien ojetes. Sin embargo, la hagiografía es un género muy importante dentro de la biografía. Cuando he tocado estos temas, he procurado abordar al hombre enfrentado a sus propias miserias; al gran reto de la gracia, del perfeccionamiento humano, del amor en sentido cristiano y evangélico, y el personaje de Kobel me ha atraído desde hace muchos años.”

“Cuando yo tenía 18 años —continúa— y leía con un fervor inmenso —lo sigo haciendo— a Albert Camus, en Cartas a un amigo alemán, Camus le cuenta a este amigo cómo, en medio del horror, surge este sacerdote, que con el tiempo me entero se llama Maximiliano  Kolbe, y me empiezo a meter en sus hagiografías. El tipo me atraía más por lo que había hecho que por lo que era. Se trataba de un verdadero cruzado, un polaco que había hecho un monasterio dedicado a la imprenta y publicaba un periódico titulado El Caballero de la Virgen que tiraba un millón de ejemplares. Luego fundó otro monasterio en Japón sin saber una jota del idioma, y sin embargo logra traducir ese mismo periódico al japonés. Cae en Auschwitz, de hecho es de los primeros. Siempre partimos de que el objetivo principal de los nazis eran los judíos, pero al pr

incipio, cuando llegan a Polonia, que era un enclave católico, los nazis iban hacia el Establishment polaco y eso significan católicos y sacerdotes, y se fueron sobre Kolbe, quien dio su vida a cambio de un prisionero judío al que apenas conocía.”

Sin embargo, señala Sicilia, en las anécdotas al respecto, siempre importa más el personaje aquel al que Kolbe le salvó la vida, Gajowniczek, que tenía mujer e hijos.

“Me conmovió mucho —dice— la ceremonia de canonización que hizo a Kolbe Juan Pablo II, porque al frente de la peregrinación avanzaba el propio Gajowniczek, a

compañado de toda su familia y muchos sobrevivientes, todos vestidos con las pijamas de Auschwitz, y el hombre no paraba de llorar. Me puse entonces en los zapatos de este hombre que murió hace poco, a los 93 años.”

El shoa

El Kolbe de Sicilia poco tiene que ver con el de las hagiografías, según lo explica el propio autor, “de hecho resulta bastante incómodo porque confronta su ideología católica para tratar de entender cuál es la sustancia del Evangelio. Pero lo más hermoso y terrible es que, sin importar que esté situada en Auschwitz, hace muchos años, en un entorno muy distinto a México, presenta una situación análoga con la que padecemos actualmente.”

Sicilia afirma estar viviendo su propio Auschwitz tras la muerte de su hijo y los amigos que lo acompañaban, y “de hecho este país vive su Auschwitz, su shoa [Holocausto].”

Respecto a la reciente visita de Benedicto XVI a México, Sicilia señala: “Hicimos todo lo posible por que entendiera la dimensión de nuestra causa. Hubo bloqueos pero al final se nos concedió la posibilidad de ir, aunque las agendas ya estaban amarradas y al final parece que recibió a unas cuantas víctimas, pero no se supo más. Ese es el gran problema con la Iglesia desde que se volvió imperial: hizo una alianza antinatural y tiene un doble rostro: quiso unir al Pobre de Nazareth con el César.”