Genera daño psicosocial y baja calidad de vida
Gabriel Gutiérrez
La falta de sueño genera deterioro psicosocial y reducción en la calidad de vida. Organismos especializados, como la Clínica del Sueño de la UNAM, destacan la importancia del diagnóstico oportuno por un médico especialista para recibir el tratamiento adecuado. El procedimiento se lleva a través de diversas herramientas como encuestas, entrevistas o cuestionarios que incluyen los criterios diagnósticos, y deben ser aplicados desde la atención de los médicos de primer contacto.
Un estudio demostró que la incidencia de insomnio afecta hasta a 35 por ciento en la población en general. En México, la población general no considera al insomnio como una enfermedad, ya que el ambiente urbanístico o la adaptación a nuevos estilos de vida favorecen que pase desapercibida esta alteración. Sin embargo, estudios han reportado una incidencia de esta enfermedad de hasta 36 por ciento en los adultos y hasta 16 por ciento cuando hablamos de insomnio severo.
El insomnio está clasificado como un trastorno del sueño que puede ser primario o constitutivo y que debe ser diagnosticado y tratado a través de procedimientos médicos precisos que contribuirán a mejorar la calidad de vida de quienes lo padecen.
Un estudio realizado en cuatro países de América Latina, entre ellos México, demostró que la incidencia de insomnio afecta hasta a un 36 por ciento en la población en general, mientras que en otras zonas geográficas de la región el padecimiento afecta hasta 15 por ciento de la población.
El insomnio se caracteriza por:
a) De forma predominante, la dificultad para iniciar o mantener el sueño, o no tener un sueño reparador, durante al menos un mes.
b) La alteración del sueño (o la fatiga diurna asociada) provoca malestar clínicamente significativo o deterioro social, laboral o de otras áreas importantes de la actividad del individuo.
c) La alteración del sueño no aparece exclusivamente en el transcurso de la narcolepsia (accesos de somnolencia irresistible durante el día, con parálisis o debilidad extrema en algunos músculos, alucinaciones, entre otros síntomas) el trastorno del sueño relacionado con la respiración, el trastorno del ritmo circadiano o una parasomnia.
d) La alteración no aparece exclusivamente en el transcurso de otro trastorno mental (p. ej., trastorno depresivo mayor, trastorno de ansiedad generalizada, delirium). En el caso de que el insomnio esté relacionado con otro trastorno mental.
e) La alteración no es debida a los efectos fisiológicos directos de sustancia (p. ej., drogas, fármacos) o de una enfermedad médica.
Existen tres clasificaciones del insomnio, según su duración. Existe el transitorio o agudo que dura menos de cuatro semanas (dificultades leves para conciliar el sueño al acostarse); el que es a corto plazo o subagudo que dura menos de tres meses (dormir toda la noche pero despertar varias veces); y el de largo plazo o crónico que dura más de tres meses (insomnio matinal o precoz, donde la persona despierta antes de la hora que tenía planeado hacerlo).
Las personas que padecen insomnio presentan un marcado deterioro en su calidad de vida y también muestran signos altos de depresión, ansiedad, efectos similares al envejecimiento y altas probabilidades de contraer obesidad, diabetes e hipertensión.
“El sueño representa un tercio de la vida del individuo, lo que equivale a 400 minutos por día. El problema es que el insomnio no es un problema trivial, ya que la falta de sueño multiplica la posibilidad de sufrir un accidente de tránsito o laboral; genera un deterioro psicosocial y la reducción en la calidad de vida”, comentó el doctor Reyes Haro Valencia, director de la Clínica del Sueño.
Destacó Haro que es importante detectar esta enfermedad oportunamente, con un médico de primer contacto o especialista en psiquiatría, quien podrá dar el tratamiento adecuado.
