Hastiados de la guerra

 

Marco Antonio Aguilar Cortés

La campaña presidencial de 2012 ha transcurrido, en nuestro país, ante la mirada consciente de mexicanos hastiados de la guerra.

Así, en singular, esa conflagración que nos tiene asqueados cubre todo tipo de beligerancias sanguinarias y reales, ya que no existe en el México actual una guerra oficial, legalmente declarada, pero sí existe una intensidad de la violencia que alcanza, de diversas formas, al gobierno estadunidense, al mexicano, a organizaciones criminales internacionalizadas de ambas naciones, que tienen como rehén y víctima de ataques a los mexicanos.

Producto de esa pesadilla carnicera hemos enterrado más de 60 mil cadáveres, y tenemos desaparecidos a cerca de 100 mil seres humanos. Esto, y más, forma parte del inventario que nos dejará el sexenio del presidente Felipe Calderón Hinojosa, a su entender como algo necesario que le fue heredado, y como su mejor aporte a la nación entera.

Empero, al margen de esa equívoca percepción del Ejecutivo federal, el pueblo de México se encuentra agobiado de tanta brutalidad asesina de las partes en conflicto, deseando una paz productiva, con una seguridad jurídica que abarque una armoniosa distribución de la riqueza.

Con esa conciencia irá la ciudadanía a votar este próximo primero de julio, reprobando tanto la guerra calderoniana, que ha teñido el azul de sangre, como la guerra que prepara Andrés Manuel López Obrador si no le favorece el resultado en las urnas, con lo que manchará de sangre el amarillo.

En principio, toda violencia venga de donde venga debe ser reprobada y superada. Ni la actitud agresiva de una derecha en el ejercicio del Poder Ejecutivo federal ni la conducta arrebatada de una supuesta izquierda, que ambiciona a toda costa la Presidencia de la República, tienen ahora cabida en la aceptación ciudadana.

Aspiramos a la paz, a una libertad con orden, a un orden con justicia. Deseamos una superior forma de organización socioeconómica, aquélla a la que no nos han permitido acceder los dueños del gran capital amparados por la fuerza militar de los Estados Unidos de América, y sus obedientes socios minoritarios en el país.

Recordemos que la historia de la violencia en México ha estado siempre ligada a la voluntad del gobierno gringo. No caigamos en su trampa, sea cual sea la careta que ahora se ponga.

Ayer, en la consumación de la independencia de México en contra de la Corona española, armó y puso en marcha a dos grupos masónicos conspiradores, yorkino uno y el otro escocés, bases de las agrupaciones políticas del naciente país.

Hoy, en 2012, el poder estadunidense y el crimen de alta organización todo lo han penetrado, y promueven el juego de las conjuras, a su antojo, entre los grupos en contienda. Para todos  tienen alientos, armas y dólares; a cambio, les exigen obediencia.

Frente a lo anterior y con nuestro voto, y con todas nuestras acciones, decidamos a favor de la paz, con humanismo productivo y justo. Desechemos esos mensajes made in López Obrador: “si hay imposición habrá revolución”.

Porque para Andrés Manuel, él ya ganó. No hace falta que la gente vote el primer día del mes de julio de 2012. Y en su lógica, si no gana él, habrá imposición, chapuza, y complot. Dándose estas ilicitudes, según la valoración de sus dogmáticos seguidores, advendrá la revolución, pero si esto no se pudiera, cuando menos habrá que hacer un desmadre.