Los sensatos piden cordura
René Avilés Fabila
Cuando aparezcan estas líneas, estaremos en pleno proceso electoral en medio de la enorme tensión que han creado Andrés Manuel López Obrador y los suyos, quienes han buscado recursos materiales y económicos para originar un conflicto poselectoral. No es algo que quepa en las cabezas más lúcidas del país. ¿Para qué el Instituto Federal Electoral gasta tanto dinero en la preparación de un fraude electoral?
O ¿para qué el PRD, el PT y el grupito de Dante Delgado aceptan la fortuna que les otorgan las instituciones y muchos particulares si todo concluirá en el robo de al menos la Presidencia de la República?
En tal caso, Obrador y los suyos tendrían que ser sensatos y no participar en un proceso viciado de principio a fin como afirman en especial los integrantes de los sindicatos “independientes” y los jóvenes del Yo soy 132, cuyos odios pasaron con tranquilidad y sin mayor reflexión de estar dirigidos a Felipe Calderón (el teporocho, el ilegítimo, el usurpador) a Enrique Peña Nieto, al que ahora acusan de todos los crímenes habidos en América Latina.
En días pasados, varios medios de comunicación dieron dos notas: los obradoristas buscan grandes sumas de dinero para “el último tramo de la campaña” y la otra es la organización futura de los muchachos rechazados de las instituciones educativas públicas.
Con estos dos elementos, el conflicto poselectoral tiene dinero y sangre joven. No es fácil que gane López Obrador, salvo en el Distrito Federal, que es suyo; pero si triunfa, estoy seguro, Peña Nieto no se haría pasar por “presidente legítimo” y menos tomaría las calles más importantes para establecer su “república legítima”. Se iría a Atlacomulco quizá a reflexionar la derrota y los errores que sin duda cometió por inexperiencia suya y de sus asesores poco letrados.
En cambio, el triunfo de Peña Nieto asegura el odio eterno del obradorismo y la certeza de que Andrés Manuel iría por segunda vez tras la “presidencia legítima” en una terca y simplona repetición de lo que ocurrió hace seis años. Que va a haber conflicto poselectoral, pocos lo dudan. Los sensatos piden cordura, pero si los “pejezombies” están desde mucho antes que les robaran la presidencia, no hay nada qué discutir, a lo sumo organizar a la sociedad para que resista el impacto brutal de un nuevo movimiento en contra de las tediosas instituciones que nunca han sabido resolver los problemas con tacto y seriedad.
Felipe Calderón, quien ya muy tarde se incorporó a la campaña de su correligionaria Josefina Vázquez Mota, al parecer y luego de la exitosa campaña de Peña Nieto, quien jamás descendió en las preferencias electorales, según las calumniadas encuestas, no tendrá más remedio que tragarse sus palabras de no entregarle al PRI jamás la Presidencia, y tener que hacerlo.
Ya lo hizo Ernesto Zedillo, nada ocurrió salvo soportar doce patéticos años de panismo y seleccionar con cuidado la cantidad de empleos de empresas trasnacionales que le llovieron por poseer información privilegiada de la nación.
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