En el enamoramiento se activan doce áreas de ese órgano

 

René Anaya

Probablemente para quienes son pragmáticos no parecerá importante conocer dónde se origina el sentimiento amoroso o cómo es que una persona encuentra en otra algo más que la atracción física. Pero quienes consideran que el amor es importante para la vida privada y social, los descubrimientos de los neurocientíficos sí son transcendentales.

Desde hace algunas décadas, los investigadores han escudriñado en el cerebro humano, gracias a las modernas tecnologías de la biomedicina, lo que sucede cuando se presentan estímulos visuales, auditivos y táctiles, entre otros. Estas investigaciones han permitido encontrar los lugares del dolor, la ira, el placer y, recientemente, del amor.

 

El cerebro y el corazón

Se conoce que las emociones no residen en el corazón, aunque este sea el órgano que más rápidamente se percibe que reacciona ante sorpresas, emociones y sentimientos, pues los latidos cardiacos se aceleran cuando se está frente a un peligro inminente, una sorpresa, una noticia agradable o desagradable o ante un ser que despierta tanto el deseo sexual como el sentimiento amoroso.

El nerviosismo, la sudación de manos o cuerpo, el aceleramiento del ritmo cardiaco y otras sensaciones que causa la presencia del ente amoroso, ahora se ha descubierto que son provocados por la activación de determinadas regiones cerebrales, que causan a su vez la liberación de neurotransmisores (sustancias bioquímicas que secretan determinados tipos de neuronas).

Investigadores de la Universidad de Syracuse, Nueva York, Estados Unidos, dirigidos por la doctora Stephanie Ortigue, descubrieron que cuando una persona se enamora se activan 12 áreas cerebrales que liberan compuestos químicos como la dopamina, que produce euforia, sentimientos de satisfacción y felicidad; la oxitocina, que causa el apego hacia otra persona, ya que aumenta su secreción cuando se abraza a la persona amada; y la adrenalina, que prepara para el combate o la huida, pero también alerta nuestros sentidos.

Lo que más llamó la atención de los investigadores no fue comprobar que el cerebro y no el corazón dirige las emociones y sentimientos, sino encontrar que la dopamina se libera por el amor, como sucede cuando se toman ciertos estimulantes como el café y el chocolate y drogas como la cocaína. Tal vez por esa razón se han dicho que el amor es como una fuerte adicción al ser amado, sin el cual parece que no se puede vivir.

La confirmación de la semejanza del sentimiento amoroso con la conducta adictiva fue corroborada hace un mes por investigadores de las universidades de Concordia, en Canadá; de Syracuse y de Virginia Occidental, en Estados Unidos; y del Hospital Universitario de Ginebra, Suiza, quienes encontraron que la principal área que se activa con el amor es el núcleo estriado (localizado en el cerebro anterior), la misma que se estimula con la adicción a las drogas.

 

Ese dulce sentimiento adictivo

Los investigadores revisaron los estudios de 20 personas en las que se había analizado su actividad cerebral ante estímulos como el amor y el deseo sexual. A esas personas se les practicó resonancia magnética nuclear para observar su comportamiento cerebral mientras observaban imágenes eróticas y la fotografía de la persona de quien estaban enamoradas.

Los resultados indicaron que dos estructuras cerebrales, la ínsula (porción de la corteza cerebral que está entre los lóbulos temporal y el frontal) y el núcleo estriado estaban involucrados en el amor y el deseo sexual, pero con ciertas diferencias: el área que se activa con el deseo sexual es la misma que se activa con otras formas de placer, como el de la comida; en tanto que la que estimula el sentimiento amoroso es mucho más compleja.

“Mientras el placer sexual tiene un objetivo muy específico, el amor es más abstracto y complejo y por lo tanto menos dependiente de la presencia física de otra persona […] El amor es realmente un hábito que se forma con el deseo sexual y que recompensa ese deseo. Y en el cerebro el amor funciona de la misma forma como cuando la gente se vuelve adicta a las drogas”, ha referido Jim Pfaus, el investigador que dirigió esa investigación.

Pero el amor va más allá de causar satisfacción y felicidad, como las drogas, ya que “también se activan áreas cognitivas más complejas, como las encargadas de la representación mental y la autoimagen corporal. Así que el amor es un proceso más complicado que la adicción a las drogas”, ha referido la doctora Ortigue. Por esta razón, considera la especialista, “al entender las partes del cerebro que se estimulan con el amor, los especialistas podrían tener una mejor comprensión de qué ocurre en el cerebro cuando el paciente sufre por amor y quizá podrían utilizar nuevas terapias”.

reneanayas@yahoo.com.mx