Raúl Cremoux

Desde el exterior, hablan de una elección virtuosa y diarios extranjeros como El Mercurio de Chile o El Mundo de España, pormenorizan la numeralia y sobre todo la eficiencia que ha tenido el Instituto Federal Electoral.

Para nosotros, en el país, la actuación que han tenido los consejeros electorales la hemos visto como algo rutinario, como si lo hecho se hubiera practicado veinte o treinta veces. Pareciera que una nación con 115 millones de habitantes y más de 79 millones de empadronados fuera a votar todos los meses. Así de fácil.

La nuestra, la más reciente elección federal del domingo pasado, por su impecable administración y por su desarrollo es una hazaña de la ciudadanía.

Hace más de veinte años, cuando un creciente grupo de observadores, pero al final un puñado, pugnaba por que el gobierno dejara de realizar las elecciones, el entonces secretario de Gobernación, Manuel Bartlett, nos veía con ironía: “Ese asunto compete al Estado y a nadie más”, repitió un buen número de ocasiones.

Hoy hemos visto que casi tres millones entre nosotros, repartidos en 900 mil habilitados como funcionarios de casillas, dos millones como representantes de todos los partidos, hemos constatado que 49 millones de votantes ya han elegido a sus gobernantes y han distribuidos más de 2 mil puestos de elección popular. Toda una hazaña civilizatoria.

Organismos internacionales como la OEA han señalado que la nuestra es la elección con más controles de toda América para calificarla como “robusta y confiable”. Observadores de 65 diferentes países tan cercanos como Estados Unidos o Guatemala y tan lejanos como Japón han constatado la limpieza de los comicios. Nunca una elección ha sido tan celosamente vigilada como la del pasado uno de julio.

En consecuencia, los ganadores en seis distintos estados y el Distrito Federal; los 128 senadores, los 500 diputados federales, los que corresponden a los distintos congresos regionales, los alcaldes, regidores así como el candidato victorioso a la Presidencia de México gozan todos de una gran legitimidad democrática.

Tenemos motivos para sentirnos satisfechos en esta gran plataforma; ahora falta que sepamos exigir a los nuevos gobernantes realicen la otra hazaña: la de mejorar sustantivamente nuestra nación.

cremouxra@hotmail.com