Raúl Rodríguez Cortés
Cuando se publique esta colaboración ya se conocerán los resultados oficiales del conteo distrital de las elecciones que seguramente confirmarán la victoria de Enrique Peña Nieto, adelantada por los preliminares del PREP, y las impugnaciones a los comicios que seguramente hará Andrés Manuel López Obrador. Impugnaciones, por cierto, que son legales pues para eso está un órgano jurisdiccional, el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación (TEPJF) que, una vez que las dirima, calificará la elección y dictaminará quién es finalmente el ganador, para lo cual tiene como plazo hasta el seis de septiembre próximo.
Mientras tanto, habrán de tranquilizarse esos frenéticos que se vuelven locos porque el candidato de la izquierda no acepta públicamente su derrota, y quizás sumarse a la reflexión sobre estas elecciones.
¿Qué lecturas nos dan, entre otras?
1. Que fueron pacíficas, lo que de suyo es un éxito en medio de la violencia en que se encuentra inmerso el país a consecuencia de la fallida guerra contra el narcotráfico emprendida por el actual gobierno.
2. Que fueron muy participativas: 63.14% de ciudadanos inscritos en la lista nominal de electores. Este porcentaje de participación es casi cinco puntos mayor que el de hace seis años (58.55%) pero es unas décimas de punto menor que la de Vicente Fox en 2000 (63.97%). Sin embargo está casi 14 puntos por debajo de la de Ernesto Zedillo, en 1994, que tuvo una participación ciudadana histórica de 77.16%.
3. Que hay evidencias (mostradas cada vez con mayor insistencia en las redes sociales) de alteración de actas, de compra y coacción de votos que involucra a los pobres, pero también a los oportunistas y abusivos; de gastos desmesurados y de rebase del tope fijado para estas campañas.
4. Que Felipe Calderón y el PAN han sufrido una “derrota mayúscula”, en palabras del presidente de ese partido Gustavo Madero. El blanquizul cayó de Los Pinos al tercer lugar. Casi 73% de los mexicanos, esto es, tres cuartas partes, habrían votado en su contra. Castigan así la ineficiencia del gobierno de Calderón, el baño en sangre en que nos tiene sumidos, la devaluación del peso (de 9.40 a 14 por dólar), el castigo fiscal del IETU y el aumento del IVA, los gasolinazos, la caída de los salarios (casi tan bajos ya como los de China), el desempleo, la carestía y el encarecimiento de la tortilla (de dos pesos 50 centavos a casi 16 pesos el kilo), entre muchos otros desatinos. Calderón, sin embargo, se veía casi jubiloso al felicitar al priista Enrique Peña Nieto, pues con él gozará impunidad al igual que Fox.
5. Que las encuestadoras, acaso deliberadamente, se equivocaron. Crearon, durante meses, la percepción de un candidato del PRI adelantadísimo e inalcanzable, de un abanderado que llevaría a su partido a recuperar la mayoría en el Congreso, vamos, el carro completo. Esas encuestas le daban a Peña hasta 18 puntos de ventaja. Ahora han tenido que ofrecer disculpas pues resulta que tal ventaja —según los preliminares no oficiales— sólo fue de 6.5 puntos. Nada más se equivocaron en 11.5 puntos. ¡Ese es su rigor científico!
6. Que si los conteos oficiales y la calificación del TEPJF dan la victoria al PRI, Peña Nieto no será el presidente fuerte que se pretendía, pues no tendrá, ni siquiera, la mayoría simple en las cámaras del Congreso. Y es que 60% de los ciudadanos habrían votado por una opción diferente a él, esto es, tres de cada cinco no lo quieren.
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