Juan Antonio Rosado
Poesía completa Poesía completa Uno de los muchos rasgos del poeta es su profundo vínculo con el pasado en todos sus sentidos: un pasado biográfico, personal, por supuesto, pero también social, histórico, literario… Nada puede cobrar nueva vida si no es a partir de lo ya existente en nuestra memoria, en la imaginación o en la contingente realidad. En la memoria, todo se vuelve mito y, por tanto, se borran las nociones del pasado y del tiempo. Aunque evoque ciudades, presencias históricas o cante hechos, el poeta penetra siempre en una dimensión atemporal, donde —para parafrasear al poeta yucateco Raúl Renán (Mérida, Yucatán, 1928)— siembra lo que cosecha, y lo desgrana.
A lo largo de ya muchas décadas de actividad poética, Renán ha sabido sembrar en distintas tierras y mitificar diversas realidades; sus semillas han absorbido los nutrientes de muchas latitudes y poéticas; por ejemplo, del Japón, como lo prueban sus numerosos hai-kús; de las evocaciones a las formas de la poesía clásica en autores como Catulo o Safo; de los poetas del Siglo de Oro español y de la incursión a formas canónicas como el soneto, con que experimenta como si se tratara de una masa maleable; de los temas extraídos de la cotidianidad, como la cajetilla vacía y arrugada, el bote de basura, el zapato o los postes de luz eléctrica; de los diferentes registros lingüísticos en que se mueve como pez; del erotismo; de su natal Yucatán o de la variedad de pequeños homenajes a escritores contemporáneos. Una diversidad de voces, un léxico que implica el universo de la lengua española, aunados al feliz matrimonio de lo experimental y lo clásico, sin renunciar jamás a la melopea ni a la intensa proyección de imágenes, hacen que la poesía de este yucateco se conecte con la heterogénea vía láctea de nuestro “más acá”.
Pero estos poemas, además de proyectarse hacia el exterior y hacia el pasado, invocan también el interior del propio poeta. Hay un viaje introspectivo, un adentrarse en sí mismo en esta poética de la miniaturización, en su cuidado del detalle, acompañado de una constante reticencia por la masificación y de un feroz ahuyentar a ese lector pasivo que tanto desea la industria editorial y los obscenos monopolios inflados de mafias, premios pactados, nepotismo, amiguismo y otras cotidianas corruptelas que nada tienen que ver con la auténtica creación. En este primer volumen de su Poesía completa, Renán revela una vocación sostenida, vívida, intensa.
Poesía completa, tomo I. Instituto de Cultura de Yucatán, México, 2011; 200 pp.
Normandía
De Normandía, de los normandos, se deriva el nombre propio Norma, que en nuestra lengua, además, evoca la acepción común del sustantivo. Pero no es ésta la dirección a la que se dirigen los poemas de Raúl Renán, quien ha deseado cantarle al lugar del amor, de la entrega, de la seguridad que cobija y apacigua, de esos dedos que suavizan las cuarteaduras con el aceite que “irradia la musa/ que ha entrado en ti/ con su risa su mirada grande/ y su poder de mando/ sobre el poema que dictas”. A partir de esta imagen, se abre el horizonte de la tierra en que aparecerán otras presencias y mitos. “Para Normita” y “Norma de elegancia” son ejemplos de otras tantas evocaciones de la tierra, donde la mirada, el interior, el tiempo, el lado nocturno del ser, el desdoblamiento del yo (como en “Tesis sobre Fernando Pessoa”) e incluso el mal, desfilan en intensas instantáneas como luces que los enfocan.
La vida, para Borges, está rodeada, inundada de poesía. Desde un enfoque distinto de quienes sostienen —como el poeta español Pedro Salinas— que el universo entero es materia de la poesía, el crítico y poeta argentino procura descubrirla en la vida misma: “La poesía no es algo extraño —sostiene—; está acechando […] a la vuelta de la esquina. Puede surgir ante nosotros en cualquier momento”. Eso dependerá de la mirada que percibe; por ello, el poeta no es necesariamente un escritor, sino más bien una sensibilidad. Lo mismo parece decirnos, de modo implícito, Raúl Renán, al percibir la belleza en esa tierra-mujer que le da título al poemario: “Eres la acumulación/ de la belleza/ callada en/ un espejo que/ un día/ transporta/ el pasillo/ debajo/ de tus pies./ Asombro/ de la blanca/ sombra intocable”.
La poesía está siempre tejida de sensaciones, emociones, imágenes expresadas a través del lenguaje en una forma que tiende a la música, porque justo allí forma y asunto son inseparables; constituyen unidad indisoluble que no podría divorciarse (fondo es forma: la manera en que se expresa algo es justo lo que se expresa, de ahí que la música —y también, aunque en menor medida, la poesía— sean intraducibles, y de ahí que Borges considere que la poesía en realidad no es sino “una pasión y un placer”, no obstante que pueda expresar dolor, angustia, indignación, contenido social o político (el universo entero es materia de la poesía: eso es verdad, e incluso las realidades manufacturadas y los aspectos negativos del animal consciente). Por ello Renán advierte las “Señas de corpúsculos de la tierra” y juega con el sonido; por ello selecciona vocablos por su profundidad y los combina en la armonía que sólo percibe en esa tierra que nos ofrece a través de la palabra poética.
Normandía, H. Ayuntamiento de Valle de Bravo/ Casas del poeta A.C., México, 2011; 31 pp.
