Sara Rosalía

 Natalio Hernández, poeta de lengua náhuatl, planteó, en una conferencia reciente, que, como sucede en España o Canadá, y yo agregaría en Rusia, la literatura es hoy es multilingüe. El también investigador advirtió que la literatura mexicana ya no se restringe al español y se enriquece con obras en zapoteco o maya. Yo añadiría que el dominio colonial en México hizo que varias obras importantes se escribieran en latín y es una lástima que haya muerto (claro que no sólo por esa razón) nuestro mejor latinista, Ignacio Osorio, quien se dedicaba al estudio y traducción de los textos mexicanos en latín. Este multilingüismo es interesante, porque mientras Natalio Hernández lo considera una reivindicación de las culturas indígenas, que desde luego lo es, para mí que es, también, una respuesta a la globalización.

            Luego de recordar  a Carlos Montemayor, Natalio Hernández estableció tres etapas de la literatura indigenista. La primera, la formaron autores no indígenas, que tuvieron contacto con esas culturas; la segunda ya fue de autores de las comunidades y la tercera, la más reciente, que abarca los últimos treinta años.

            Al repasar a los autores que trataron este tema, nos recordó a varios realmente importantes: Gregorio López y Fuentes, (El indio, de 1935); Mauricio Magdaleno, El resplandor (1937); Ermilo Abreu Gómez, (Canek, de 1937). En la década de los cincuentas aparecen nada menos que El Diosero, cuentos de Francisco Rojas González; Balún Canán y Oficio de tinieblas, novelas de Rosario Castellanos; y de otra índole, Juan Pérez Jolote, de Ricardo Pozas y los varios tomos de Los indios de México, de Fernando Benítez.

            Destacó Natalio Hernández, como precursores de la literatura zapoteca a Andrés Henestrosa; Pancho Nácar (pseudónimo, de Francisco Javier Sánchez Valdivieso) y a Gabriel López Chiñas. A ellos siguieron Víctor de la Cruz, Macario Matus y Enedino Jiménez. Más recientes son: Víctor Teherán, Natalia Toledo, Irma Pineda, Juan Hernández, Enriqueta Lúnez, Briceida Cuevas y Feliciano Sánchez.

            Destacó, y rindió homenaje, a Ángel María Garibay, a Miguel León Portilla y en especial a su maestro y amigo Carlos Montemayor.

            En una ocasión, quien esto escribe, moderó una mesa redonda donde se presentaba una antología de poesía en lengua náhuatl, seleccionada y traducida por Natalio Hernández. Menuda sorpresa que me llevé cuando los cuatro o cinco ponentes (entre ellos un francés) hablaban todos en náhuatl y, por si fuera poco, el mismo público se comunicaba en esa lengua. Por atención a mí, que era la moderadora, a sus intervenciones a viva voz añadían la traducción al calce.