Administrar la derrota
Teodoro Barajas Rodríguez
Morelia.- Michoacán es la génesis del PRD, desde la fase de la corriente democratizadora, posteriormente Frente Democrático Nacional. Los afanes de una dinámica emergente en busca de un cambio concluyeron en la conformación del PRD, fueron los tiempos del fraude y la iniquidad como argumentos del antiguo régimen.
En la actualidad sólo queda la nostalgia viva de aquellos años porque el Sol Azteca registró su segundo revés electoral consecutivo en la tierra que fuera gobernada por Cuauhtémoc Cárdenas y surtidora de anécdotas políticas.
En casos concretos como la elección extraordinaria en Morelia, el perredismo apenas superó los diez puntos porcentuales, lejos del PAN y del PRI que obtuvieron cada uno arriba de un cuarenta por ciento.
La debacle es un asunto multifactorial, una errática administración encabezada por Leonel Godoy, candidaturas frágiles sin arraigo; quedó claro que el PRD vegeta en la dirigencia de Víctor Báez.
Refundar el PRD suena a imperativo, aunque las corrientes y sus dirigentes seguramente no lo desean porque supondría pérdida de espacios.
La recomposición o refundación del PRD suena a imperativo, a menos que aspiren a convertirse en un instituto que concluya en participaciones testimoniales, distante de causas sociales, otrora motor y clave.
Las fallas en el Sol Azteca son estructurales, su creciente número de corrientes sólo disminuyen la institucionalidad, a veces se percibe una vocación por la derrota, selección inverosímil de candidatos que en algunos casos sólo exhiben su imprudencia públicamente. Andrés Manuel López Obrador obtuvo un importante número de sufragios pese a los partidos que lo apoyaron.
No se trata de buscar un fraude inexistente en Michoacán, ni culpar a los enemigos históricos, basta con aplicar el sentido común. Las corrientes internas restaron fortalezas al perredismo, porque se han vuelto netamente electoreras, acomodaticias y carentes de programas, la histeria permea al interior, hace tiempo que el perredismo no tiene dirigencia porque las ocurrencias abarcaron los espacios de dirección.
Las izquierdas, que existen de diversos fondos y formas, son útiles porque afianzan equilibrios y pueden enriquecer el debate. Se ocupa una izquierda crítica que priorice las propuestas y no una suicida que apueste al martirologio como catarsis permanente.
Después de leer las causas de la derrota monumental, el dirigente estatal del perredismo, Víctor Báez, incondicional de Leonel Godoy, debería irse porque su mediocridad espanta.
Se requiere de una izquierda moderna, y no la que está tapizada de lugares comunes y cansados. En cualquier democracia un dirigente partidista que pierde una elección presenta su dimisión antes de que otros lo exijan, acá no porque parece que les gusta administrar las derrotas. Esa insoportable levedad.
Cada vez son más las voces que solicitan la dimisión del dirigente perredista, el PRD vive una de sus peores etapas en Michoacán aunque la necedad en muchos diga otra cosa, los resultados allí están y las matemáticas son una ciencia exacta.
