Desafíos para Peña Nieto y el PRI

Carlos Jiménez Macías

Debemos reconocer que el candidato al que no le favorecieron los resultados en las justas electorales del primer domingo de julio, Andrés Manuel López Obrador, ha obtenido una gran victoria, ¡claro!, si su propósito era desprestigiar a México ante el mundo. En ese caso, lo ha logrado plenamente.

Mal perdedor, pretende hoy contar, uno por uno, cinco millones de votos —según él— comprados; asimismo, acusa a los medios de haber inducido la votación masiva en su contra e insulta —ahora sí, uno por uno— a todos los mexicanos que votaron por una opción distinta a la suya.

Forzoso es reconocer, como lo han hecho todos los observadores que de fuera vinieron para asistir y, en cierta forma juzgar, los procesos democráticos de cambio de poderes, que tuvimos las elecciones más transparentes de la historia de nuestro país.

Ya se hizo el recuento de casillas —donde hubo que hacerse— de acuerdo a las causales que marca la ley: ello permitió que se revisara con mayor precisión la voluntad de los millones de ciudadanos que sufragaron el 1° de julio pasado. Se abrieron más de la mitad de las urnas y no hubo sorpresas; los resultados confirmaron los primeros cómputos.

Confirmado el triunfo del veredicto popular, es tiempo de sacar conclusiones que deriven en futuras líneas de acción:

Afortunadamente, cada vez son más los ciudadanos que definen su voto, no sólo en función de los colores de un partido; hoy, el voto cruzado denota que los ciudadanos eligen el partido, a la persona o la plataforma política que les inspira mayor confianza y credibilidad.

La alta participación de los electores es muestra contundente de que los ciudadanos están cada vez más interesados en los destinos de nuestro país.

Finalmente, como bien se ha dicho, ahora nuestro país es una república de tercios: tres fuerzas políticas se han consolidado en la estructura democrática del Estado y con las tres habrá que trabajar.

El partido del que forma parte nuestro futuro presidente de la república, Enrique Peña Nieto, quien próximamente asumirá el poder, ha iniciado el proceso de autocrítica y autoevaluación necesarios para enfrentar los desafíos que habrán de presentarse durante los 6 años por venir: ahí se plantean las metas que nos permitirán ser el gran constructor del siglo XXI —que aún no acaba de cuajar—, para concretar con gran convicción y firmeza las reformas estructurales que aseguren el crecimiento económico sostenido que demandamos y terminemos por fin con la enorme fuente de todos los males sociales provenientes de la pobreza.

México no puede esperar más. Es necesario dar forma definitiva al destino que todos anhelamos.

Con acciones claras, impregnadas de autentico carácter y fin social, estamos seguros de que el próximo gobierno encabezado por Enrique Peña Nieto alcanzará los acuerdos de unidad y solidaridad ciudadana que se requieren.

 

cjimenezmacias@yahoo.com.mx