Es un hecho
Francisco Javier Estrada
Es un hecho. Benito Pablo Juárez García, el indio zapoteco que ha sido para México el político más completo que el país independiente haya conocido, ha de regresar el 1 de diciembre a Los Pinos, la emblemática residencia del presidente de la república.
Ha de regresar siendo el mexicano más querido por los ciudadanos de este siglo XXI. A pesar de la derecha y los conservadores que no logran entender cómo un hombre de tez oscura pudo ser más que aquel de barba y de rostro blanco representado por Maximiliano de Habsburgo. Su retorno a la residencia del Poder Ejecutivo contiene la grandeza que ya existe en Palacio Nacional.
Para salvar una patria basta con el ejemplo de un hombre. Y en el caso de Benito Juárez su presencia representa el poder de los principios sobre la política. La mala política que en el siglo XIX nos destinaba al fracaso como nación. La generación de Juárez sigue siendo el camino cierto de los mexicanos que se convierten en ejemplo para las demás naciones. Por eso Colombia, aun antes del fallecimiento del indio zapoteco, lo nombra Benemérito de América, documento que de sólo leerlo nos llena de orgullo.
Es cierto, México ha dado en el mundo de la política a personajes universales: José María Morelos y Pavón, Benito Juárez García, Emiliano Zapata y Lázaro Cárdenas del Río son muestra de los mejores ejemplos.
Hoy la clase política, la de los partidos y puestos en la administración pública, la que viene del sector social en sindicatos, iglesias, grupos de presión y demás, debería poner atención que la altura con que nuestros políticos del siglo XIX vieron el nacimiento de nuestra patria no corresponde en esa altitud de miras con la clase política que hoy tenemos.
El sufrimiento del pasado, de los políticos arriesgando su vida y pertenencias no corresponde al sacrificio de los actuales. Nada que ver con el exilio de los reformistas del siglo decimonónico y de la generación revolucionaria de 1910 bajo la dictadura porfirista. Nada que ver con Valentín Gómez Farías, Francisco Zarco, Ignacio Ramírez o con Ricardo Flores Magón, Francisco I. Madero o Francisco Villa. Si hoy la clase política que nos gobierna comprende responsablemente su papel, debe seguir el ejemplo patriótico de los dos siglos pasados. Sin seguir ese ejemplo, muy poco podrán hacer por el bien de México y sus familias en el próximo futuro, estaremos para verlo seguramente para bien o para mal.
¡Qué bueno que Juárez regresa a Los Pinos!, y más lo será si con sus principios y el ejemplo de su generación los nuevos gobernantes deciden gobernar a nuestra patria con los principios que forjaron al México de las grandes batallas.
