Indeseable perspectiva

Humberto Musacchio

La inmensa mayoría de los jóvenes de la ciudad de México y de otros puntos del país quieren ingresar a la UNAM, pertenecer a la que es, por mucho, la mejor universidad mexicana, la casa de estudios que le ha dado tres premios Nobel a la nación, la que realiza más de la mitad de la investigación científica y es una potencia cultural.

 Muchos son los llamados, pero pocos, muy pocos los elegidos. La matrícula unamita no puede seguir creciendo indefinidamente pues eso redundaría en una baja calidad de la enseñanza. Pero además, la UNAM no puede resolver por sí sola los problemas de la educación superior, algo que corresponde al gobierno federal y a los estatales.

Lamentablemente, la oferta educativa del sector público es notoriamente insuficiente, lo que ha causado la proliferación de las universidades patito, negocios de particulares donde en muchos casos se defrauda a los alumnos y a sus familias, pues con frecuencia carecen hasta de lo más elemental y su nivel es propio de los paupérrimos sueldos que pagan a sus profesores.

Cada año son miles los muchachos rechazados por el sistema educativo, la mayoría de los cuales tiene por destino el desempleo, pues carece de toda calificación laboral, algo que tampoco les ha dado el sistema educativo. Esa multitud de jóvenes son los llamados ni-ni, los que ni estudian ni trabajan porque no hay escuelas ni empleos para ellos.

Ante ese indeseable futuro, los rechazados de este año se han agrupado en el Movimiento de Aspirantes Excluidos de la Educación Superior, que demanda crear más universidades, pues las 140 que creó el presente gobierno federal pertenecen al mundo de los sueños frustrados donde habitan muchos “logros” que suele presumir Felipe Calderón.

Pero incluso los muchachos que logran ingresar a una universidad afrontan problemas graves. El muy alto el índice de deserción, casi siempre por problemas económicos de la familia, y los que logran terminar se topan con que no hay lugar para ellos en el mercado de trabajo o si, en el mejor de los casos, obtienen un empleo, éste es mal pagado y con frecuencia ajeno a aquello que aprendieron en la escuela.

Pero los jóvenes ya no quieren más ese destino ni están de acuerdo en que el país se siga gobernando con la misma indiferencia por las necesidades de la gente común. Los que sí tienen su lugar en las universidades públicas y privadas están agrupados en el movimiento Yo Soy 132 y todo indica que a ellos se unirán los rechazados de este año. Con esa juventud rebelde, México vivirá días interesantes.