Juan Antonio Rosado

Leer un libro de memorias no es tan sólo conocer las experiencias de un autor, sus muchas nostalgias, su visión del mundo, de los lugares por donde pasó, de la época en que se desarrolló o de los seres con quienes convivió; es sobre todo una forma de revivir sensaciones y momentos ajenos mediante la palabra narrativa, de las descripciones de cuanto rodeaba e impactaba al autor. Lo anterior vale para cualquier libro de memorias con crónicas de un espacio-tiempo determinado, pero cuando se trata de un escritor de nuestra generación, que vivió —social y políticamente— algo similar a lo que vivimos, entonces leer este libro se convierte también en un modo de recordar, de oponerse al olvido de lo que fuimos en términos, ya no históricos o como seres humanos, sino individuales.

Elena Enríquez Fuentes, nacida en 1968, ha sido cronista de la Ciudad de México tal vez —en parte— porque sus padres llegaron de la provincia y constantemente evocaban sus lugares de origen, como si esta capital les fuera ajena. Imagen y espejo, los barrios de la Ciudad de México, es un bello libro en que la autora se reivindica como capitalina, en que nos narra los recuerdos de sus andanzas por esta múltiple, polifacética megalópolis. El viaje que la cronista nos propone —viaje en el tiempo y en el espacio, viaje interior y exterior— se despliega a lo largo de algunos de los barrios más antiguos y pintorescos de la metrópoli: la Candelaria de los Patos, la Merced, el Centro Histórico, la Lagunilla, Tepito. De esos territorios —ciudades dentro de la Ciudad— se nos ofrecen además fotografías que captan instantes típicos, de las que emanan sensaciones precisas. Cada una evoca la emoción de quien la captó, su interés en recuperar y prolongar algo que está cambiando.

Recorrer esta contradictoria ciudad nos coloca frente a un espejo porque en ella nos vemos reflejados quienes la padecemos y gozamos. Nuestra relación con la capital será siempre de amor-odio: temor (ya hace mucho que ha sobrepasado los límites humanos), pero también complacencia, dolor, rechazo, aunque —como afirma la autora— “los sinsabores se olvidan ante su capacidad de obsequiar emociones, y es en esos instantes cuando suelo creer que vale la pena vivir aquí”.

A todo capitalino o simplemente persona que por alguna razón tenga que vivir en la Ciudad de México, este libro le otorgará claves de su historia inmediata y espacios más representativos a través de una mirada personal, pero por ello mismo mucho más vívida e intensa de la que nos pueda proporcionar el texto despersonalizado de un guía.

Elena Enríquez Fuentes, Imagen y espejo. Los barrios de la Ciudad de México, Editorial Praxis / Conaculta, 155 pp.