La derrota es huérfana
Humberto Musacchio
La victoria tiene muchos padres, pero la derrota es huérfana. Eso lo saben hoy los panistas, que asisten a su histórica derrota con ánimo mortuorio y contemplan cómo se disgrega la fuerza social que llegaron a tener en los últimos años, con riesgo de que el PAN, ya sin las mieles del poder, se convierta en un negocito semejante al Partido Verde y a otros que nuestra historia electoral nos ha dado con abundancia.
No contribuye a elevar el decaído ánimo que Felipe Calderón, con el final de su sexenio enfrente, trate de hacerse del partido pese a que la prudencia aconseja hacer mutis y dejar el paso a otras opciones. Pero hay algo peor, la actitud del michoacano implica que no se siente responsable del naufragio y que la ciudadanía le cobró los altos costos de su guerrita contra el crimen organizado y su ineptitud para manejar la maquinaria gubernamental, pues fue él quien la depositó en manos probadamente ineptas.
Frente a la pretensión calderoniana buscan organizarse diversas corrientes que también quieren dirigir el partido. Gustavo Madero, el segundo responsable de la tremenda derrota, se niega a salir por la puerta trasera y resiste los embates de Los Pinos, pero también los justos reclamos de la militancia que lo ven como el capitán que los condujo al rincón donde ahora se encuentran.
Otros actores reclaman para sí los papeles protagónicos, pero no se ve cómo podrán obtenerlos. Ernesto Ruffo, a quien se suponía una carta fuerte, pese a su enorme prestigio tendrá que someterse a los designios de Calderón, que trata de imponer como líder de la fracción azul en el Senado a Ernesto Cordero, un individuo sin trayectoria panista ni liderazgo reconocido. En el mismo caso está José González Morfín, un hombre de sangre azul, a quien se pretende desplazar a favor de Max Cortázar o Juan Bueno Torio, dos improvisados de este sexenio.
Mientras se produce el estira y afloja, nadie quiere sancionar a Vicente Fox por su traición y Martha Sahagún se ha de estar carcajeando, pues uno de sus hoy opulentos hijitos será diputado por el Panal, lo que parece delinear el alcance de la caída del PAN. Sin embargo, en la adversidad, los mejores panistas levantarán a su partido, incluso contra las pretensiones continuistas de Calderón, y seguramente harán honor a los que acompañaron a Manuel Gómez Morín en la fundación de su partido y a los que mantuvieron sus banderas en alto en los años duros del absolutismo priista. Hace falta una derecha con fuerza moral para hacer frente a la intentona restauradora del PRI.

